viernes, 11 de abril de 2014

Capítulo 9 - El final

- El monstruo asintió sonriente, mostrando todos sus colmillos. Jack se tranquilizó levemente. Greyback era compañero suyo. No le haría daño. O eso creía. El peludo brazo de Greyback impactó contra su pecho, lanzando a Jack varios metros atrás. Su varita cayó entre los enormes pies del licántropo, que la piso haciéndola añicos. Llevó las garras a su propio cuello e hizo un gesto nada esperanzador: una degollación. Jack tembló. Tenía miedo. Miedo de verdad. Un miedo que no había sentido desde que vio por primera vez al Lord. Desde que había atestiguado en persona el asesinato del extranjero que lo había llevado ante él. Miedo a la muerte. Jack se arrastró hacia atrás, aún en el suelo, tratando de huir del monstruo que había asegurado llevarle a la muerte. "¿P-por qué?", preguntó con voz temblorosa. Greyback se limitó a señalar el cuerpo inconsciente de su compañero. Greyback. El líder de los hombres-lobo. Si hacías daño a uno él en persona se encargaría de acabar contigo. Claro que Jack no tenía la más remota idea de que Greyback se encontraba en el bosque. De pronto el atemorizado hombre sintió un pinchazo en la mano izquierda. Se había clavado una pequeña y afilada piedra. Un hilillo de sangre salió de la herida, llegando hasta la muñeca. Tiñendo de rojo la negra marca de su fidelidad. Aquella calavera parecía reírse de él. "¿A qué te ha llevado estar en mi lado?", parecía preguntarle burlona. Jack no tenía tiempo para pensar en la respuesta. Simplemente continuó arrastrándose mientras el lobo se iba acercando a él. Poco a poco. Sin prisas. Se relamió. Gotas de saliva se derramaron, cayendo a la seca tierra. Como lágrimas. Lágrimas como las que Jack luchaba por reprimir en sus ojos. Lágrimas contra las que le habían enseñado a luchar toda su vida. Llorar no servía de nada. Había que aniquilar el motivo de las lágrimas. Pulverizarlo. Hacerlo desaparecer. Como si pudiera hacer algo para luchar contra aquella mole de pelo y colmillos. Siquiera con su varita podría hacer algo. ¿Un Avada Kedavra? El Lord lo aniquilaría aquella misma noche. Greyback era su contacto con los hombres-lobo. Era mucho más importante que un simple mortífago, aún habiendo pasado 13 años de su vida en Azkaban por serle fiel. De repente tras de sí sonó algo. Una piedra. Una piedra rebotando. Cayendo. Miró hacia atrás y se encontró con un panorama aterrador. Un pedregoso barranco se hundía en mitad del bosque, pareciendo llegar a las mismas entrañas del planeta. La sonrisa de Greyback se ensanchó. De repente un fogonazo de luz verde iluminó la espalda de Greyback. Su cuerpo comenzó a encogerse, y el pelo pareció regresar a los poros capilares de los que había salido, hasta retomar su forma humana. Una forma humana y muerta. Jack buscó por todas partes a la persona que había lanzado el hechizo. Una varita de acebo, de aproximadamente 28 centímetros. Un rostro serio, culminando un cuerpo enorme. Albert Runcorn.
- Vaya, vaya, vaya... Hardey, ¿verdad? Que casualidad encontrarte en el sitio donde me han encomendado capturar a Greyback... - Dijo apuntando a Jack mientras en su cara esbozaba algo parecido a una sonrisa irónica y triunfal, rodeando al mortífago. - ¿Sabes? Nunca me creí tu... historia. ¿Asesinado por Umbridge? Te conocí de pequeño, ¿recuerdas? Porque yo sí. Eras el estudiante más repelente de Slytherin. Tal vez solo te ganara Lucius Malfoy en ese terreno. También le tengo ganas. El caso es que... recuerdo perfectamente que a pesar de tu pedantería eras un excelente duelista. Algo que no puede decirse de la ministra, ¿verdad? - Dijo fingiendo una cara de pena. -
- ¿Y qué me dices de ti? - Le espetó Jack en tono despectivo. - ¿Auror? Eres la vergüenza de Slytherin. Con mi Imperio hice más cosas dignas de un Slytherin que tú en toda tu carrera como funcionario. Comencé la Gran Purga. - Dijo riendo. -
- La Gran Purga ya había comenzado, imbécil. - Dijo Runcorn apretando los dientes. - ¿De verdad crees que la Ministra Umbridge es tan idiota de decirlo en público? ¡La destituirían! - Gritó. - No... la Gran Purga está siendo llevada a cabo de una manera más discreta... ¿no te has fijado en que todos los días en El Profeta anuncian desapariciones de hijos de muggles? Sí, desde luego, son los mortífagos... - Dijo entornando los ojos, irónico. - Y los que salen a la luz no son ni la centésima parte de los que "desaparecen" en realidad.
- Vaya... el sistema está corrupto... y me encanta. - Dijo Jack sonriendo. -
- Sí, lo está... pero no para ti. Me encargaré personalmente de que el dementor te bese apasionadamente. - Replicó Runcorn sonriendo mezquinamente. - Marchando. Tienes una sentencia que cumplir.
Pero Jack no se movió. Esa semana había estado a punto de morir varias veces. Demasiadas. Quizás el destino estaba mandando un mensaje. ¿Acaso merecía vivir? O mejor dicho... ¿acaso merecía la pena vivir? ¿Para qué? Vivía en un mundo de dolor... lo sabía bien, se había encargado de hacer que fuera así durante años... de repente las ganas de llorar reaparecieron. Pero esta vez no las contuvo. El salado fluido brotó y se deslizó sobre sus mejillas, empapándolas. Runcorn rió. Rió observando el dolor de Jack. ¿Merecía la pena seguir viviendo en un mundo así? No tenía nada. No tenía a nadie. Decidió hacer lo que le habían enseñado a hacer. Aniquilar el motivo de las lágrimas. Siempre había sido el mismo motivo. Pero ahora se había dado cuenta de cuál era. Se giró hacia el acantilado y dió un paso. Luego otro. Miró hacia abajo. No alcanzaba a divisar el fondo. Era lo más adecuado. Jack cerró los ojos y venció la distancia que le separaba del abismo. Sus últimos pasos. Sintió su cuerpo caer y esperó a que llegara el impacto que acabaría con todo mientras las lágrimas de su mejilla se secaban por la velocidad de la caída.

jueves, 20 de marzo de 2014

Capítulo 8 - Oscuridad

Jack se separó de Susan a tiempo para recibir un golpe en pleno rostro. No estaba muy seguro de si había sido un puñetazo o un guantazo, pero sintió como la sangré acudía rápidamente a la zona de impacto, hincándola y enrojeciéndola. Jack miró a Susan con furia, pero se contuvo. Susan se levantó y le miró inquisitivamente a Jack.
- Vaya... esto no era algo que echara de menos de ti. - Dijo él llevándose una mano a la zona afectada y apretando los dientes. -
- Eres el mismo estúpido de siempre. - Dijo ella con furia, levantándose y comenzando a andar. Jack dudó si levantarse e ir tras ella. Decidió no hacerlo.
- Siempre lo seré... - Comentó Jack observando como Susan se alejaba para luego desaparecerse. - Ha sido un placer hablar contigo. - Concedió Jack al aire.
Jack se puso en pie y miró alrededor. Estaba anocheciendo. En el cielo el celeste daba paso al añil, que luego daría paso a un negro azabache que haría resaltar las brillantes estrellas de la noche. Jack comenzó a andar entre los gruesos troncos de los árboles. Estos cada vez eran más altos y espesos. Al parecer se estaba internando en una zona del bosque aún más salvaje... primigenia...
Los clásicos pinos y secuoyas dieron paso a unos árboles que Jack no supo identificar. El viento soplaba entre las ramas, agitándolas y creando un ambiente fantasmagórico. A Hardey aquella escena le recordó a una novela de Edgar Allan Poe. La oscuridad no permitía a Jack adivinar el color de aquellos árboles, tan sólo intuir su forma impidiendo que se chocara con ellos. Las altas y frondosas ramas impedían la entrada de ningún tipo de luz. Jack tenía la sensación de estar caminando a tientas, sin saber que había ante él. Sin embargo, algo le instaba a continuar. A no dar la vuelta. El terreno cada vez se hacía más duro y pedregoso, facilitando un tropiezo. Una caída sobre el suelo podría resultar muy dolorosa. Tal vez letal. Las piedras cada vez abundaban más, y el efecto de la erosión era cada vez más notable, agudizándolas. No sería difícil que una se le clavara... Decidió ir con cuidado, tanteando el terreno, tratando de identificar el lugar dónde estaba y de visualizar las agudas rocas. Pero ya era tarde. Se había adentrado demasiado en el bosque como para volver a salir de él ahora. Tardaría horas en encontrar la manera de salir. Los grillos cantaban estridentemente. El viento parecía aullar entre las ramas de los árboles.
¿El viento? No. No había sido el viento. El aullido había sido demasiado nítido. Demasiado sonoro como para ser simplemente el viento. Entonces a Jack se le vino por primera vez a la cabeza la idea de que tal vez no estuviera solo en aquel bosque. Aquella noche era especial. Aquella noche había luna llena. Aquella noche era... la noche de las bestias.
Jack sacó su varita del bolsillo interior de su chaqueta y comenzó a correr en la dirección de la que venía. El aullido parecía venir de allí, pero aquél era el único sitio en el que sabía a ciencia cierta que podía encontrar una salida. No estaba en condiciones de desaparecerse. No si no quería sufrir una despartición. Tenía demasiadas cosas en la cabeza...
Por poco chocó con un árbol y un par de metros adelante tropezó, haciéndole daño en el hombro. Se levantó de un salto y siguió su apresurada carrera en busca de una salida, aunque en el fondo sabía que era en vano. Entonces algo parecido a unos pasos sonó a un par de metros a su derecha. Eran garras arañando el terreno. Corriendo. Corriendo a una velocidad que Jack sabía que no podría superar. Entonces las garras dejaron de sonar impactando contra el terreno. Una sombra completamente negra se lanzó sobre él derribándolo. Jack lo apuntó rápidamente, lanzándole un Depulso que lanzó a la criatura varios metros hacia atrás, haciéndola gemir. Jack sonrió, aunque por poco tiempo. El licántropo volvio a alzarse. Sus ojos rojos brillaban emanando odio, y se dirigió raudo hacia Jack, arañándole la mejilla derecha antes de que éste pudiese lanzarle un Desmaius que le aturdió, aunque no demasiado. Jack se puso en pie y gritó "¡Cruccio!", a lo que el estúpido chucho respondió con fuertes aullidos de dolor. Jack mantuvo la maldición hasta que el licántropo se desmayó de puro dolor. Alguien se acercó por detrás suya, aunque Jack, que ya estaba alerta, le escuchó y se giró rápidamente. Un enorme licántropo se alzaba ante él, aunque no le intentó atacar. Sin embargo, aquél bicho no dejaba de resultarle familiar...
- Espera un momento... ¿Greyback?

jueves, 6 de marzo de 2014

Capítulo 7 - Susan Lestrange

Jack observó a la chica que acababa de caer del árbol. ¿Qué demonios haría ahí arriba? Tal vez cazar. La condición pseudo-vampírica de Susan reclamaba su ración de sangre cada cierto tiempo. Un escalofrío le recorrió la espalda. De ser así, Jack estaba en serios problemas. Claro que no sería la primera vez que pelearía con Susan en esa condición... La susodicha estaba a metros de Jack. Unos metros que cada vez fueron menos, puesto que al parecer se había decidido a sortearlos y acercarse a él. Jack vislumbró en la falta del tono rojizo de sus ojos que no estaba bajo condición vampírica. O bien había saciado su sed hace rato o bien se encontraba en ese bosque por motivos completamente alejados de la idea de Jack. Tampoco es que él fuera a preguntárselos. Sabía la respuesta de antemano.
- Estaba dando un paseo. Despejándome. - Dijo él levantándose más tranquilamente de lo que se sentía. Lo cierto es que de haber exteriorizado sus sentimientos, se habría levantado de un salto. Lo último que necesitaba ahora mismo era la aparición de Susan y más problemas emocionales. Parecía irónico que le hubieran apelado como "El Frío". - ¿Qué tal está tu hermano?
- ¿Rodolphus? Como siempre, supongo. Discutiendo con Bellatrix. - Comentó ella, deteniendo su caminar cuando le separaban de Jack un par de pasos.
- Ya veo... - Se limitó a decir Jack. La inesperada aparición de Susan le había dejado literalmente sin palabras. Intentó articular una frase con sentido, pero su lengua se negaba a moverse y su boca a abrirse. Comenzó a caminar de nuevo, dejando a Susan atrás.
- ¿Te vas sin despedirte? Eso es nuevo en ti, Hardey. - Dijo la joven en tono sarcástico, sin moverse del sitio.
- ¿Q-qué tal por Hogwarts? - Preguntó él deteniéndose pero sin girarse, mirando al suelo repleto de finas ramas de árboles caídas sobre la hierba.
- ¿No recuerdas que lo dejé por un tiempo? - Preguntó ella alzando una ceja. Jack recordó y lamentó haber preguntado eso. Susan había dejado Hogwarts temporalmente por la lamentable muerte de su prometido. Edward Gray. Mortífago. Como Jack. Como ella. Se había suicidado en su mismo despacho. Era profesor de estudios muggles allí. Había solicitado el trabajo para pasar más tiempo con ella. Susan Lestrange. Su prometida. La estudiante de la que Jack había quedado prendado para desgracia de ambos. La relación que Jack tanto había luchado por romper. El objetivo que finalmente consiguió, con consecuencias fatales. Se arrepentió de haberlo hecho. Susan le advirtió. Gray le advirtió. Rodolphus le advirtió. Y él ignoró sus advertencias. Todas y cada una de ellas.
Jack se sentó de nuevo en la hierba, con una mano en la frente. Todo era demasiado confuso. Deseó estar soñando. Que todo lo acontecido en aquellos dos días no fuese real. Claro que sabía que eso no era posible. No era más que una vaga ilusión. Un deseo. Un deseo que no se cumpliría por más que pensara en él. Susan comenzó a acercarse más a él. Hardey se sorprendió. En realidad esperaba que Susan volviera a sus asuntos y le dejara. Como había hecho siempre. La chica se sentó, clavando sus ojos verdes en Jack con aire de superioridad.
- ¿Y bien? - Preguntó Jack, mirando como se sentaba a unos palmos de distancia sobre la húmeda hierba.
- ¿Y bien qué? - Replicó ella con cierto aire despectivo, esbozando una mueca.
- ¿Qué es lo que quieres? Obviamente no te has sentado aquí por gusto. - Le espeté mirando hacia el suelo mientras arrancaba disimulada y nerviosamente pequeñas briznas de hierba. Susan soltó una leve risa.
- No seas engreído, Hardey. No me he sentado aquí por ti. Sencillamente estaba cansada. - Dijo con una media sonrisa sarcástica en su cara. Jack se tumbó en la hierba y cerró los ojos. Recordó aquella noche en aquel callejón de Londres. El robo del beso.Como Susan se lo reprochó. Como sin embargo Susan no había impedido que pasara. Como no se apartó cuando notó sus labios junto a los suyos. Como ese beso había ocasionado tantos problemas... como una avalancha. Un desencadenante minúsculo que provoca consecuencias de proporciones épicas.
Sin darse cuenta Jack había llevado su mano junto a la de Susan a base de arrancar briznas de hierba. Ambos se sobresaltaron al notar el contacto. Jack abrió los ojos y se incorporó. Susan retiró la mano rápidamente. Por unos instantes se quedaron mirándose profundamente a los ojos. El iris verde del uno reflejado en el iris verde del otro. Verde... tranquilidad. Según algunos, esperanza. Tal vez era eso lo que Jack debía tener. Esperanza. Jack movió la cabeza hacia delante y besó a Susan antes de que ella pudiera darse cuenta siquiera de lo que acababa de pasar.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Capítulo 6 - Imperio

- ¡Imperio! - Exclamó Jack ante la pregunta. Un resplandor salió de su varita. Umbridge cayó, sin conocimiento, y su mirada se perdió, indicando que estaba bajo la maldición. De repente, Jack oyó la irritantemente aguda voz de Umbridge en su cabeza.
- ¡¿Cómo se atreve?! ¡Soy la ministra de Magia! ¡ Pagará por esta osadía! - Gritó mentalmente. Jack se esforzó por acallar su voz.
- ¡Silencio! Escúchame atentamente, Umbridge. - Dijo con voz calmada. - Yo soy tu amo. Harás exactamente lo que yo te ordene. ¿Comprendido?
- ¿Acaso cree tener una voluntad más firme que la mía? - Preguntó ella, nerviosa. Pero su voz cada vez se iba haciendo más débil. Estaba perdiendo la consciencia, entregándosela a Jack.
- No lo creo, Ministra. Lo sé. - Comentó Jack divertido.
La Ministra Umbridge intentó replicar algo, pero su voz era apenas audible y simplemente un leve murmullo llegó a los oídos de Jack. La mirada de Umbridge se había perdido por completo. "Levántate." Ordenó Jack, a lo que Umbridge obedeció inmediatamente. "Sal de aquí. Te diré lo que debes hacer sobre la marcha..."

[...]

Umbridge se situó en el centro del vestíbulo. Jack, escondido tras una columna, dirigía sus movimientos. La ministra se llevó la varita a la garganta y susurró "Sonorus".

- Atención, quiero a todo el personal del Ministerio aquí, por favor. - Dijo con su aguda voz retumbando por toda la sala. Jack pensó que no había sido buena idea amplificarla. La gente comenzó a congregarse alrededor de Umbridge.
- ¡Ya estamos todos! - Exclamó alguien entre la multitud unos minutos después.
- De acuerdo. Quiero saber quién ha sido el grupo de idiotas que ha dejado escapar a un mortífago, el cual ha acabado en mi despacho.
El tribunal dio unos pasos adelante, algunos obligados por sus compañeros, con la cabeza agachada, sin atreverse a mirar a los ojos a la ministra.
- Fuimos nosotros, señora. - Dijo el mago que presidía el tribunal.
- Supongo que se dan cuenta del enorme error que han cometido, y que ese error debe conllevar una sanción.
- Si, señora. - Contestó el mismo mago, mientras el resto del tribunal afirmaba con la cabeza.
- Bien, pues desde este momento quedan degradados de sus puestos, relegados al Departamento de Uso Incorrecto de la Magia y considerados como incapacitados de por vida para ejercer el oficio de auror. - Dijo con mirada inquisitiva.
De repente John avanzó un par de pasos y miró a Umbridge a los ojos.
- ¿Qué ha sido del mortífago, señora? - Preguntó con voz temblorosa.
- Está muerto. - Replicó ella, cortante. - Ahora, señor Hardey, le ruego que usted y sus compañeros vayan a recuperar los cuerpos de los aurores lamentablemente caídos durante el escape del mortífago. Yo me encargaré del cadáver del susodicho.
- Señora, era mi hermano... ¿Qué hará con él?
- Su hermano era un mortífago, señor Hardey. Desintegraré su cuerpo como castigo por desobedecer repetidamente varias leyes mágicas. Y no quiero quejas señor Hardey.
John se fue de allí cabizbajo junto a sus compañeros del tribunal.
- Por cierto, - Añadio Umbridge en dirección a una bruja menuda y rubia. - avise a la prensa, Kate. Mañana pienso declarar oficialmente el inicio de la Gran Purga. Las aberraciones genéticas como los sangre sucia no deben ser considerados miembros activos de nuestra sociedad. - Concluyó.
Umbridge se retiró hacia su despacho, seguida por Jack, bajo el efecto de un encantamiento desilusionador.
- Buena chica... - Dijo él, una vez allí. - Ahora dame algo de polvos Flú, ¿quieres?
Umbridge comenzó a rebuscar en un pequeño bolsillo de su blusa de encaje, hasta sacar un pequeño puñado de polvos azules que entregó a Jack. Jack se metió en la chimenea y alzó la mano.
- Regenta el Ministerio como haría una buena mortífaga. Hazme sentir orgulloso. - Dijo con una sonrisa malvada antes de soltar los polvos y desaparecer de allí.

[...]

Jack llegó hasta la mansión Blood tras las correspondientes apariciones en su apartamento y el exterior de la mansión. Entró en la sala de estar y dejó su chaqueta verde sobre un sillón. "¿Purity? ¡Ya he llegado! Si te contara lo que he tenido que hacer...", dijo, pero no recibió respuesta alguna. "¿Hola?", preguntó. Zippo, su elfo, salió de un rincón, tembloroso y con los ojos llorosos.
- La señora Purity se ha ido, señor. - Dijo con voz aflautada.
- Uhm... de acuerdo. ¿Te ha dicho cuando volverá? - Preguntó Jack mientras subía la escalera.
- No me ha entendido, señor... se ha ido de aquí. Me pidió que no dijera nada. Pero Zippo es fiel a su amo, señor.
Jack se dio la vuelta repentinamente, mirando al elfo, creyendo haber escuchado mal.
- Repite eso.
- La señora Purity... se ha ido. - Dijo el elfo refugiándose rápidamente, temeroso de la furia de su amo.
- Sí, eso me había parecido oír... - Contestó.
Jack notó como se mareaba un poco. Rápidamente, agarró su chaqueta verde de nuevo y salió para aparecerse en un bosque. Sí... eso le calmaría. Comenzó a caminar tranquilamente entre los árboles, respirando profundamente el aire fresco de la naturaleza. Se sentó en una explanada situada entre varios árboles, repleta de hierba. Cuando iba a un bosque sentía que estaba en paz con el mundo. Que no había problemas. De repente un árbol se movió. Y alguien cayó de él. Una chica. Una chica que le era increíblemente familiar a Jack...
- Vaya... ¿qué haces por aquí, Hardey?
Sí... cuando Jack estaba en el bosque sentía que se olvidaba de todos sus problemas... a no ser que el problema estuviera en el propio bosque.
- Buenas tardes, Susan.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Capítulo 5 - Escapando del juicio final.

Jack se sacó de la manga la varita que había arrebatado a su hermano y corrió por el estrecho pasillo que separaba la sala del tribunal del enorme vestíbulo y, por tanto, de su única posibilidad de escapar. Oyó como de la puerta, situada ya a unos 20 metros de él, emergía el sonido de pasos apresurados y gritos. Al oír un fuerte golpé Jack volvió la cabeza. La puerta había sido abierta violentamente y todos los magos del tribunal salían por ella, en persecución de Jack. Jack se preguntó por qué los dementores no habrían salido también en su busca. Tal vez el macaco de su hermano los tuviera aún acorralados. Un Desmaius pasó por encima de su cabeza, desvanecióndose en el techo, y un hechizo que no supo reconocer le habría dado de lleno en la espalda de no haberlo esquivado en el último momento. Jack aferró firmemente la varita y apuntó hacia el grupo de magos. "Avada Kedavra", gritó. El cuerpo de uno de los miembros se desplomó en el suelo. Un par de sus compañeros se quedaron atrás, inspeccionándole y comprobando si había muerto. ¿Acaso esos idiotas dudaban de la efectividad de la maldición asesina? Era imposible sobrevivir a ella. Pero era demasiado lenta. Había demasiados magos corriendo tras de él como para asesinarlos a todos sin que algún hechizo le acertara. Decidió usar un medio más rápido y menos sofisticado. "¡Bombarda!", pensó Jack con todas sus fuerzas. Estaba cerca del vestíbulo y sería conveniente no llamar demasiada atención gritando hechizos. Un rayo de luz naranja emergió de su varita y chocó contra el techo bajo el que estaban los aurores. El pasillo entero retumbó, y parte del pasillo se derrumbó, aplastando a algunos aurores y aprisionando a otros. Jack sonrió. Se había librado del ataque dorsal, pero la explosión habría llamado la atención de todos los funcionarios. Se apuntó a sí mismo con la varita y se aplicó un encantamiento desilusionador. No duraría mucho. No con una varita robada. Jack salió del pasillo segundos antes de que varios magos y brujas entraran en él, en busca de la fuente de la explosión. Corrió hacia una chimenea que estaba aún transportando a alguien. No logró entrar, y no disponía de polvos flu para realizar un viaje individualmente. Decidió alejarse de la zona de conflicto, intentando ser lo menos localizable posible en el interior del Ministerio. Al menos hasta que encontrara una forma de escapar.
Un pitido sonó a su espalda, y del ascensor salió un grupo de magos, dirigiéndose a toda velocidad al dichoso pasillo. Jack entró en el ascensor y pulsó el botón del piso inferior, sin importarle a cual fuera. El ascensor vacío por completo a excepción de la desapercibida presencia de Jack comenzó a descender hacia las entrañas del edificio. Tras varios minutos de descenso el ascensor se detuvo, anunciando "Primer piso, Ministro de Magia y Personal de Apoyo". Jack salió en silencio del ascensor, pero el departamento estaba completamente vacío. Por suerte, ya que Jack estaba comenzando a notar como el efecto del encantamiento desilusionador comenzaba a hacer efecto. Jack caminó apresurado hacia todos los escritorios que encontraba, abriendo cajones y armarios en busca de restos de Polvos Flú o alguna manera de escapar, pero su búsqueda fue infructuosa. Jack miró a su alrededor en busca de algo que lo ayudara, encontrando para su sorpresa un pasillo escondido por un muro paralelo. Al final del pasillo había una puerta de madera blanca. Jack corrió hacia allí y se detuvo ante ella, escuchando, tratando de averiguar si alguien se encontraba en su interior. Apoyó la oreja en la puerta y le pareció escuchar gatos maullando levemente tras ella. ¿Gatos? Jack entró y se encontró una escena que le provocó náuseas. Una habitación circular enteramente pintada de rosa, con cuadros, bordados y cerámicas de gatos por doquier. Jack tuvo la sensación de que los gatos le observaban mientras se adentraba en el pequeño despacho, y un par de ellos maulló a su paso, sobresaltándole. Jack se dirigió al enorme escritorio que había frente a la puerta y se agachó, rebuscando por los cajones algo que pudiera serle útil. Había abierto tres cajones cuando la puerta rechinó, abriéndose, y unos pasos sonaron al entrar. Jack se quedó inmóvil, intentando pasar desapercibido y rogando que quién fuera que hubiese entrado se marchara ya. Pero los pasos se dirigieron hacia el escritorio, y Jack notó como unos ojos le observaron durante décimas de segundo antes de que una voz enervantemente aguda dijera inquisitivamente: "¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí?". Jack se incorporó y miró desafiante, varita en mano, a los ojos de sapo de la ministra Umbridge.

jueves, 13 de febrero de 2014

Capítulo 4 - Recuerdos

Jack caminaba lentamente, con los pies juntos y completamente desarmado. Miraba hacia el suelo, sin dignarse a mirar a la cara al auror que le había capturado. Se habían aparecido en las puertas del Ministerio, y ahora Jack analizaba detenidamente los grabados del suelo mientras se dirigía hacia las puertas tras las cuales se encontraba el tribunal que lo juzgaría. El auror le llevaba firmemente agarrado del brazo, sin permitirle ningún movimiento que pudiera ayudarle a escapar. De todas formas, de poco serviría librarse de su agarre. No podría llegar muy lejos desarmado en un edificio plagado de aurores. Decidió resignarse a su suerte y esperar a que el juzgado decidiera su destino. Por fin cruzó las puertas y se encontró frente a frente con el tribunal que dictaría su sentencia, presidido por Kingsley Shacklebott, el jefe de los aurores. A los lados, para sorpresa de Jack, había dos dementores. Jack sintió como le observaban a través de sus capuchas. Delante de los asientos de los jueces había un lince plateado. El Patronus de Shacklebott. Kingsley se levantó, con un pergamino en sus manos, y comenzó a leerlo.

- Jack Hardey, mago británico, este tribunal le acusa de asesinato, suplantación de identidad, tortura, empleo de magia delante de muggles, artes oscuras y de ser seguidor de Lord Voldemort. ¿Como se declara el acusado?
- Culpable. - Dijo Jack, impasible. No se arrepentía ni avergonzaba de los crímenes de los que le habían acusado. No tenía motivos para hacerlo. Estaba orgulloso de ser el más fiel seguidor que había tenido el Señor Tenebroso.
- En ese caso, este tribunal le condena a dos semanas en Azkaban y, una vez finalizadas estas... al beso del dementor.

Los dementores se alteraron al oír nombrarlos. De repente, Jack sintió como un frío recorría todo su cuerpo. Una mano delgada y putrefacta se posó en su hombro, y una cabeza encapuchada comenzó a acercarse a su rostro. Un revuelo se armó en el tribunal. Los magos se levantaban de sus asientos. Jack vio un destello de luz blanca y luego, no vio nada...

- ¿Qué no has oído de las maravillas del Señor Tenebroso? - Preguntó a Jack el extranjero. Jack no podía soportar su aliento. Ese tipo debía de haber estado bebiendo whisky de fuego todo el día... claro que es inevitable topar con borrachos cuando uno trabaja en el Caldero Chorreante. Había comenzado a trabajar allí una semana después de cumplir los 17 años. No era el tipo de trabajo con el que un mago solía soñar, pero al menos tenía aseguradas dos comidas al día. El extranjero dio otro trago de su copa. - El Señor Tenebroso es la solución a todos tus problemas. - Aseguró tambaleándose. - Puedo asegurarte que es el mago más poderoso que existe. Su éxito está asegurado. Y colmará de riquezas a quienes le acompañen.
- No lo dudo... - Dije mientras limpiaba un vaso. - Pero ¿cómo puedo unirme a él?
- Puedo llevarte ante él. - Dijo el extranjero abriendo mucho los ojos y gesticulando. - Estará encantado de que te unas a sus filas. Cuantos más mejor... Juntos conseguiremos un mundo dominado por los magos. Libre de muggles y sangre sucias. Las aberraciones genéticas no deberían tener sitio en este planeta. ¿Qué me dices?

Jack no se tomaba en serio lo que le decía el extranjero. No podía existir ningún mago con tal poder... sin embargo, si lo que le estaba contando fuera real... no, debía quitarse esas ideas de la cabeza. Un mundo no solo dominado por magos, sino habitado únicamente por ellos... un mundo sin tener que esconderse. Sin muggles interfiriendo. Jack pensó en ello. Finalmente afirmó con la cabeza, confirmando al extranjero que quería conocer al 'Señor Tenebroso'. Salió de detrás de la barra y cogió su chaqueta de un perchero al lado de la puerta. "Tom, me tomaré un descanso", dijo al joven encargado de la taberna. El extranjero sonrió, mostrando una sonrisa llena de dientes putrefactos. Salieron del pub a la par, y el extranjero le agarró del brazo. "Nos apareceremos", dijo. Jack asintió de nuevo y sintió un tirón en el estómago. De repente el callejón de Londres donde se encontraba el Caldero Chorreante desapareció, y un bosque comenzó a formarse a su alrededor. Los árboles eran altísimos, y el suelo irregular, en una extraña combinación de tierra y roca. Unos metros mas allá, entre el espesor de los árboles, una mansión de ladrillos rojos se alzaba tras una verja metálica. El extranjero se encaminó hacia ella, con Jack tras él. Alzó el puño izquiero y la verja se abrió, dándoles paso a la inmensa mansión. Entraron, y el extranjero se giró hacia Jack y se llevo el índice a la boca, indicándole que guardara silencio. Procurando hacer el menor ruido posible, Jack siguió al extranjero hasta una habitación del piso superior. En su interior había únicamente una gran silla mirando en dirección al ventanal. Jack entró a la habitación, temeroso de lo que pudiera encontrar allí.

- Mi señor... - Dijo el extranjero. - He traído a alguien interesado en unirse a nosotros. - Dijo el extranjero, haciendo una reverencia sin perder de vista la silla.
- Mi querido Wolovitz, ¿me estás diciendo que has traído a un desconocido a mí? - Dijo una voz aguda y fría desde detrás de la silla.
- Mi señor... quiere unirse a...
- ¡Silencio! - Exclamó la voz. - Me has decepcionado... Te creía más inteligente. - Una mano pálida asomó por un lateral del respaldo, apoyándose en el posabrazos. Sus largos dedos sostenían una varita blanca. Los músculos de la mano se tensaron, y dejaron ver un brazo cubierto por una túnica negra. El hombre de la silla se levantó y miró al extranjero. Sus ojos eran color rojo. Su boca sin labios se curvaba en una mueca de ira. Alzó el brazo, apuntando con su varita a Wolovitz. El extranjero se arrodilló, rogando clemencia, pero el hombre de la silla se mostró impasible. - ¡Avada Kedavra! - Gritó. Un rayo de luz verde salió de la varita e impactó contra el pecho de Wolovitz. Su cuerpo sin vida se derrumbó, rebotando contra el suelo de madera. - En cuanto a ti... - Dijo dirigiendo la mirada a Jack. Era la primera vez que veía una maldición asesina en acción. 
- No lo haré. - Le espetó Jack, mirando a los ojos al hombre que hacía unos instantes había asesinado a su acompañante. - No me arrodillaré. No imploraré perdón. Si vas a matarme, hazlo ya. - Dijo Jack, en un tono que denotaba más seguridad en sí mismo de la que tenía realmente. El asesino sonrió.
- ¿Estás seguro de eso? - Dijo mostrando una lengua bífida al reír. - Comprobémoslo. ¡Imperio! - Jack sintió como el hechizo penetraba en él. De repente oyó en su mente la voz del hombre. - Arrodíllate. Hazlo y tu muerte será rápida. Llora pidiendo clemencia... - Ordenó la voz.
- ¡Jamás! - Gritó Jack, tanto en su mente como en la realidad. El Señor Oscuro rompió el hechizo, mirando a Jack receloso.
- ¿Cuál es tu nombre? - Reclamó, exigiendo una respuesta.
- Jack. Jack Hardey. - Dijo Jack sorprendido ante el cambio de actitud del hombre.
- Hardey... tu hermano el auror nos ha traído algunos problemas..
- Mi hermano es un imbécil. - Sentenció Jack, interrumpiéndole. - Quiero unirme a usted. - Pidió mirando de reojo el cadáver. - 
- Nagini... - Dijo el Señor Tenebroso a ninguna parte. Una serpiente albina salió de detrás de la silla, arrastrándose lentamente hasta estar junto a Voldemort. Miró a Jack y siseó, como expresando su deseo de devorarle. Voldemort señaló el cuerpo sin vida del extranjero y la serpiente se dirigió hacia él. Jack desvió la mirada. - ¿Y qué te hace pensar que te aceptaré? - Preguntó Voldemort dirigiéndose a Jack. Éste se arrodilló.
- Tiene en mi a un fiel siervo, señor... - Dijo mirándole fijamente. - Mis objetivos son los suyos. Estoy dispuesto a dar mi vida por la causa.
- Legeremens... - Susurró el Señor Oscuro dirigiendo su varita hacia él. Jack sintió como penetraba de nuevo en su mente, pero de una manera distinta a la anterior. Tras unos segundos, la sensación cedió. - De manera que dices la verdad... - Voldemort hizo una seña a Jack, indicándole que se acercara. Jack obedeció, encaminándose hacia él hasta dejar unos palmos de margen. El Señor Oscuro agarró su brazo izquierdo y lo remangó. - Morsmordre. - Dijo tranquilo apuntando con la varita hacia su muñeca. Jack sintió como su sangre se convertía en fuego, quemándole desde dentro. Se derrumbó de puro dolor en el entarimado mientras Voldemort le miraba con prepotencia. Tras unos segundos en el suelo el dolor cedió. Sin embargo, Jack seguia notando un escozor en la muñeca izquierda. La miró y observó que en ella se había dibujado un cráneo con una serpiente saliendo de su boca. Le habían grabado a fuego la Marca Tenebrosa.

Otro destello de luz blanca. Una habitación comenzó a formarse a su alrededor.

La Mansión Hardey estaba iluminada. De todas las ventanas de su fachada emergía luz de fuente mágica. Jack Hardey estaba sentado en la sala de estar, leyendo tranquilo un libro. Su hermano estaba de viaje en Escocia y podía usar la mansión familiar durante ese período de tiempo. Esa casa debería ser suya. Pero por desgracia su hermano era el primogénito, y sus padres habían firmado esa estupidez del 'mayorazgo'. Jack se dio cuenta de que no sabía como habían muerto sus padres. Lo cierto es que tampoco le importaba. Nunca los había soportado. Simplemente murieron. Era la única información que necesitaba. Jack vio por la cristalera como una figura delgada se aparecía en el jardín, y corría hacia la puerta. Tres golpes secos sonaron en el recibidor. Jack continuó leyendo mientras el elfo de la familia corría a abrir la puerta, tropezando por el sueño. Las bisagras oxidadas rechinaron y Bellatrix Lestrange entró, dirigiéndose con paso firme hacia la sala de estar. 

- ¡Jack! - Dijo acercándose a él apresuradamente. - ¡Ha muerto! ¡Nuestro señor ha muerto! - Jack no podía creer lo que oía. ¿El Señor Tenebroso morir? Aquello era demasiado descabellado para ser verdad. Era el mago más poderoso del planeta. Nadie podía vencerle. Miró a Bellatrix, buscando una explicación más detallada. Ella tenía los ojos brillantes, a punto de derramar lágrimas. - Él fue a casa de los Potter. La profecía señalaba al niño. ¡El niño! Fue allí y mató al padre y a la madre. Pero el niño sobrevivió.
- ¡¿Cómo que sobrevivió?! - Exclamó Jack. Era imposible que un simple crío sobreviviera al Señor Tenebroso. 
- Sobrevivió a la maldición asesina Jack... ¡Sobrevivió!
- ¡Imposible! - Exclamó él arrojando el libro al suelo y levantándose del sillón. - ¡Un crío no ha podido sobrevivir a un Avada Kedavra! ¡Nadie puede! 
- ¡Ya lo sé! - Replicó Bellatrix gritando. - La maldición rebotó. El Señor Oscuro... ha muerto. - Dijo entristecida. 
- No. - Contestó Jack. - Jamás lo hará. - Bellatrix alzó la mirada hacia Jack, mirándole confusa. - Seguiremos su obra.

Un destello más de luz deslumbró los ojos de Jack. Los abrió lentamente y vio a los magos del tribunal apostados alrededor suya, y a su hermano a su lado. Los dementores estaban acorralados por un mono plateado. John le ofreció su mano.

- Levanta... - Dijo agarrando su muñeca y alzándole. - Parece que los dementores estaban impacientes por probar tus labios. - Bromeó John. -
- Desde luego, la pérdida de mi alma es algo muy gracioso... - Replicó Jack con sarcasmo. John miró hacia el suelo, visiblemente avergonzado. Jack se desprendió del agarre de su hermano y se dirigió hacia la puerta. - Avisadme cuando vayáis a llevarme a Azkaban...

La puerta se cerró justo a tiempo para permitir a Jack oír a su hermano decir "Esperad un momento... ¡Se ha llevado mi varita!"

miércoles, 12 de febrero de 2014

Capítulo 3 - Severus

Purity se levantó del sofá al oír esas palabras y se acercó a Jack, contóneandose
- ¿A ver a Severus? - Preguntó, acercándose a él.
- Sí. Tal vez a él se le ocurra algo. Yo... estoy en blanco. Espero volver para esta noche. Y con soluciones.
- De acuerdo. Adiós. - Dijo ella girándose. Jack la puso una mano en el hombro y la giró. "Espera...", dijo, y la dio un profundo beso. 
 Purity se quedó mirándole unos instantes y le devolvió el beso, posando sus manos en la nuca de Jack. Se separaron y Jack salió de la casa cerrando la puerta, sin decir nada. Caminó hasta los límites de la parcela, dejando atrás su rango de protección, y se apareció en su antiguo apartamento de Hogsmeade. Entonces recordó su primer encuentro con Purity. Había sido en Borgin y Burkes... A él le había gustado su actitud. Le había caído bien. La había invitado a su casa. Incluso a cenar. Y ella se llevó su posesión más preciada: El Necronomicón. El libro de los muertos.
Jack sonrió al recordarlo. Si ella no se hubiera llevado el libro no habrían hecho el trato que le llevó a vivir en casa de Purity. Tal vez nada de lo que estaba pasando hubiera ocurrido... De pronto Jack recordó por qué había ido allí. La chimenea. La de Purity no estaba conectada a la red Flu... se metió la mano izquierda en un bolsillo de la chaqueta y sacó un puñado de polvo azulado. Con la mano que le quedaba libre sacó su varita del bolsillo interior y apuntó a la chimenea. Golpeó el aire con ella y un destello salió de su extremo, yendo a parar a a chimenea, donde un crepitante fuego se encendió. Se acercó a él, con el puñado de polvos aún en la mano y los echó a la chimenea. El fuego creció, y cambió su tonalidad, tornándose del mismo azul de los polvos. Jack se arrodilló y metió la cabeza en el fuego, con seguridad. "Despacho de Severus Snape, en Hogwarts", pensó con fuerza. De repente, una habitación comenzó a formarse en el interior de la chimenea. Sus paredes estában hechas de ladrillos de roca sin pulir, y en algunos estantes había frascos con numerosos ingredientes de Pociones. Enfrente de la chimenea, trabajando en un pequeño escritorio de ébano, sin percibir la presencia de Jack, estaba Severus Snape. Vestía una túnica negra, y su característico pelo grasiento caía sobre su rostro.
- Severus... - Susurró Jack, en un intento por hacerse notar. Snape alzó la mirada, buscando el origen de la voz, hasta que dio con la chimenea.
- Vaya, Jack... que agradable sorpresa... - Dijo él levantándose del asiento, impasible, en un tono que aclaraba que no era agradable. - Tengo entendido que el Ministerio te está buscando. Creía que te daban por muerto... ¿Quién dio contigo?
- Mi hermano... Yo y Rodolphus tuvimos un desafortunado encuentro con San Potter... y al parecer a mi querido hermano le alarmaron los gritos. Nos encontró en plena tortura. De haber estado preparado... - Dijo apretando los dientes, furioso por pensar que John había logrado desarmarle. Jack era mucho mejor duelista que John... pero ese día estaba agotado. Miró a Snape, en busca de ayuda
 - ¿Y qué te hace pensar que viniendo aquí se arreglaran las cosas?
- Severus... pensé que tal vez a ti se te ocurriera algo.
- No ha sido un acto muy inteligente venir aquí Jack... ni siquiera tu cabeza. Cualquiera podría irrumpir en el despacho y sorprenderme hablando contigo. Y sabes lo que eso significaría. Tanto para ti como para mí. De manera que seré breve... siempre se te dio bien observar a las personas, Jack. Pero nunca te molestaste en observar a tu hermano. - Dijo Severus, sentándose de nuevo, sin perder de vista la cabeza de Jack en la chimenea. -
-  Me temo que no te entiendo, Severus...
- Él está convencido de que puede hacerte cambiar. De que puede... "sacarte del Lado Oscuro".  Puedes usarlo en su contra. Convéncele de que se una a nosotros. Dile que si no te matarán. Funcionará. - Dijo Severus, volviendo a escribir sobre los pergaminos del escritorio. - Ahora largo.
Jack salió de la chimenea, pensando en lo que le había dicho Snape. Las llamas volvieron a su color naranja habitual. ¿Funcionaría? En una cosa Snape tenía razón: jamás se había molestado en observar a su hermano. Jamás lo había considerado necesario. Debía ser la persona más simple de Londres. Pensando en esto Jack se dirigió la puerta y salió. Decidió intentarlo. Tenía mucho que perder si no lo hacía. Repentinamente, en la calle principal de Hogsmeade, notó como su varita se deslizaba fuera del apretado bolsillo de su vaquero. Se giró para averiguar qué ocurría cuando se dio cuenta. Ensimismado, había salido a una calle llena de gente mientras era buscado por los aurores. Una varita le apuntaba directamente a la cara.

- Jack Hardey, en nombre del Ministerio de Magia Británico, quedas detenido.

martes, 11 de febrero de 2014

Capítulo 2 - La selección

Un niño moreno caminaba, con la cabeza gacha. El cielo, sobre su cabeza, escupía gotas de lluvia, pero no se mojaba. Los niños a su alrededor, asombrados, todavía contemplaban boquiabiertos el techo del Gran Comedor. Pero él no. Él ya estaba harto de oír a su hermano relatar las maravillas de Hogwarts durante las vacaciones. Pero por fin ese año había llegado su momento. Se paró en mitad del pasillo lateral. Todo el comedor estaba inundado por el murmullo de voces, tanto de alumnos como de profesores. Decidió permanecer callado, esperando paciente a que el Subdirector Dumbledore dijera su nombre, reclamándole para la selección. Desde la mesa de Gryffindor, su hermano le saludó. El niño miró hacia el suelo, resoplando, sin devolver el saludo. Nunca había aguantado a su hermano. No iba a empezar a fingir ahora. Levantó la mirada, analizando las distintas mesas. Primero miró la de los Gryffindors. Allí estaba su hermano, en su último año de escuela. Más allá, los ya conocidos payasos de 5º: James Potter y Sirius Black. Según le había contado su hermano, siempre estaban metiéndose en líos. Idiotas... Revisó la mesa de Ravenclaw, pero no vio ningún rostro al que pudiera asignar un nombre... le tocaba el turno a la mesa de Hufflepuff. Una alumna que cambiaba constantemente el color de su pelo llamó su atención. No podía tener más de 13 años. Para finalizar, dirigió su mirada a la mesa de Slytherin, la más próxima a él. La recorrió de cabo a rabo, pero no logró encontrar ninguna cara conocida. Para su sorpresa, encontró unos ojos que le devolvían la mirada desafiantes. Pertenecían a un estudiante con el pelo negro azabache, que le llegaba por los hombros. En su pecho lucía una insignia esmeralda de prefecto. El prefecto le mantuvo la mirada durante unos segundos y luego continuó hablando con el estudiante de al lado, un muchacho con una larga cabellera rubio platino. De repente, el profesor Dumbledore se levantó de su asiento. "A continuación se procederá con la ceremonia de Selección. Señor Filch, por favor... - Dijo el profesor, indicando a un hombre de expresión malhumorada un taburete junto a la mesa del profesorado. El hombre dejo lo que parecía ser un sombrero ajado en el taburete, y se retiró. Entonces el profesor sacó un largo pergamino, y comenzó a llamar a los estudiantes de primero. "Adams, Peter", dijo el profesor Dumbledore, y un chico alto salió de entre la multitud, visiblemente nervioso. Se sentó en el taburete y el profesor le puso el sombrero sobre la cabeza. Todo el comedor estuvo en silencio durante unos instantes, hasta que uno de los plieges del sombrero se tensó, diciendo con una grave y sonora voz "¡Hufflepuff!". El chico se levantó de un salto y corrió hacia la mesa de su casa, donde le recibieron en un griterío. El profesor volvió a mover los labios, pero el murmullo de la mesa de los tejones no permitió que se le oyera. Dirigió su varita a su garganta, y un pequeño resplandor dorado salió de su extremo. De repente, la voz del profesor retumbó por el comedor, proviniente de todas partes. "Black, Narcissa", dijo la voz, y una muchacha rubia se dirigió hacia la mesa de los profesores, con la barbilla alzada. Se sentó, y apenas el sombrero rozó su cabello gritó "¡Slytherin!". La chica se dirigió a la mesa correspondiente. Se sentó junto al chico de cabello platino. "Lucius...", dijo a modo de saludo. El profesor estuvo llamando a todos los alumnos, hasta que llegó el momento definitivo. Llegó a la 'H', y con ella a él. "Hardey, Jack", dijo Dumbledore, alzando la mirada esperando a que el nombrado avanzara. El chico moreno comenzó a dirigirse hacia el taburete. Los pies le pesaban, pero se esforzaba por levantarlos y dirigirse lo más rápido posible hacia su objetivo. La túnica negra le ondeaba. Tras lo que le pareció un kilómetro, llegó al taburete y se sentó en él. El profesor colocó el sombrero sobre su cabeza, y Jack dio un respingo al oír una voz en su interior. Nadie le había hablado de una voz. 

- Vaya, veamos que tenemos por aquí... veo mucho coraje, sí... pero también astucia... sí, sin duda serías capaz de hacer cualquier cosa por salirte con la tuya... e inteligencia... pero no inteligencia académica... sino inteligencia estratégica. Eres un caso muy difícil... con lo fácil de colocar que fue tu hermano...
- ¿Eres el Sombrero? - Preguntó Jack, mentalmente, con voz temerosa.
- ¿Disculpa? Oh, por supuesto. Dime, hijo, ¿a qué casa te gustaría ir?
- No estoy seguro... - Dijo Jack, aunque en realidad tenía claro que ni Gryffindor ni Hufflepuff eran su lugar. - 
- Tienes razón... - Dijo el sombrero, adivinando sus pensamientos. - Gryffindor y Hufflepuff no serían un buen lugar para ti. Hmm... rencoroso con sus enemigos... pero gran amigo de sus amigos... creo que ya tenemos un veredicto... ¡Slytherin! - Dijo el sombrero, pero la última palabra no la escucho esta vez en su mente, sino en sus oídos, y oyó a la mesa de las serpientes aplaudiendo vagamente. Se levantó y se quitó el sombrero, dejándolo de nuevo sobre el taburete. Miró hacia la mesa de Gryffindor, donde su hermano le observaba decepcionado. Se dirigió orgulloso hacia su asiento correspondiente, y una insignia de color esmeralda con el símbolo de su casa se bordó mágicamente en su túnica al sentarse. "Bienvenido", le dijo el prefecto, sentado frente a él. "Severus Snape, quinto curso, prefecto de Slytherin", se presentó, tendiéndole la mano.

- Jack se despertó, en su cama. Después de la noticia de su búsqueda había decidido volver a dormir, para despejar su mente. Necesitaba ideas. Pero su mente seguía tan en blanco como antes de dormir... sin embargo su sueño, su primer día en Hogwarts, había traído de su memoria alguien que tal vez podría ayudarle. Bajó a toda velocidad las escaleras y abrió la puerta de la mansión. "¿Dónde vas, Jacky?", le preguntó Purity, que seguía en el mismo sofá que aquella mañana. Jack, que estaba a punto de salir, se giró hacia ella y la miró.

- Voy a ver a Severus.

lunes, 10 de febrero de 2014

Capítulo 1 - Purity


La mansión Blood estaba en silencio. Su enorme sombra se perfilaba ante ella, adornada por la tenue luz de la luna. La oscuridad reinaba en su interior, tan sólo interrumpida por la hoguera de la sala de estar, encendida en una batalla contra el frío del invierno. En los dormitorios, dos magos dormían. En uno de ellos, quieta, respirando tan vagamente que daba la impresión de que la misma muerte había cerrado sus ojos, se encontraba Purity Blood. La arisca. La antisocial. En el otro, dando vueltas frenéticas por la cama, insomne, estaba Jack Hardey. El solitario. El tajante. El muerto.



Las ideas que pasaban por su mente no le permitían dormir. El ataque que preparaba junto al señor oscuro a Hogwarts. Su reciente encuentro con su hermano... y la bruja que dormía en la habitación contigua.



Hasta ahora su relación con Purity había estado basada casi exclusivamente en discusiones e insinuaciones. O al menos hasta hace un par de noches. Jack rememoró, una vez más, esa velada en la piscina. Esa broma que le había gastado Purity. Ese beso...



Ese beso que Jack había estado intentando evitar, temeroso de la adicción que serían capaces de crearle esos labios... sus labios...



Jack se maldijo a sí mismo por recordarlo. Igual que había hecho todas las noches desde entonces cada vez que se sorprendía deseando revivir aquel momento. No quería recordarlo. El amor no haría más que hacerle daño y debilitarle... pero añoraba el dulce sabor de esos labios en contacto con los suyos. Al día siguiente de aquel beso no pudo contenerse. Besó varias veces a Purity a traición. Lo necesitaba. Y se odiaba a sí mismo por hacerlo... ¿o tal vez no?



Jack se levantó de la cama y se dirigió a la biblioteca. Tal vez una buena novela le ayudaría a despejar su mente. Rebuscó entre las estanterías hasta que se decidió por El Doctor Jekyll y Mr Hyde de Robert Louis Stevenson. Se sentó en el cómodo sillón de la biblioteca y comenzó a leer. Leyó hasta que sus párpados agotados cayeron, sumiéndolo en un profundo sueño en aquel sillón...



El plumero de un elfo en su cara le despertó. “Buenos días, señor”, dijo el elfo con una voz aflautada que retumbó en la cabeza de Jack. “Aparta, idiota”, replicó éste con voz somnolienta, apartándolo de un manotazo. Se levantó del sillón, con los músculos entumecidos, y se dirigió a su habitación. Se cambió bostezando y bajó a la sala de estar, donde Purity estaba tomando una taza de café. Jack pasó al lado del sofá donde ella estaba sentada y acarició disimuladamente su cabello. Purity esbozó una breve sonrisa, pero Jack no alcazó a percatarse de ella. El Profeta, como era habitual, estaba sobre la mesa, pero Jack le hizo caso omiso. Se sentó frente a ella, mirándola.




- Buenos días, Purity. - Dijo Jack mostrando una sonrisa ladina. 
- Buenos días, Jacky... - Contestó ella, antes de dar otro sorbo a su café.
 
Jack no soportaba que nadie le llamara Jacky. O mejor dicho, nadie excepto Purity. Ella lo decía con esa voz... ese tono... acabaría volviéndole loco. Más aún.



Jack se quedó observando unos segundos el rostro de Purity. Sus ojos... sus labios... De repente, Purity alzó el brazo y señaló el periódico. “Tal vez deberías leerlo. Sales en portada.” Jack miró la portada de El Profeta, en la cual aparecía una foto de su hermano John, el auror. Sobre ella, el titular en letras grandes y llamativas decía: “EL MORTÍFAGO JACK HARDEY BUSCADO POR ASESINATO Y SUPLANTACIÓN DE IDENTIDAD.”