miércoles, 5 de marzo de 2014

Capítulo 6 - Imperio

- ¡Imperio! - Exclamó Jack ante la pregunta. Un resplandor salió de su varita. Umbridge cayó, sin conocimiento, y su mirada se perdió, indicando que estaba bajo la maldición. De repente, Jack oyó la irritantemente aguda voz de Umbridge en su cabeza.
- ¡¿Cómo se atreve?! ¡Soy la ministra de Magia! ¡ Pagará por esta osadía! - Gritó mentalmente. Jack se esforzó por acallar su voz.
- ¡Silencio! Escúchame atentamente, Umbridge. - Dijo con voz calmada. - Yo soy tu amo. Harás exactamente lo que yo te ordene. ¿Comprendido?
- ¿Acaso cree tener una voluntad más firme que la mía? - Preguntó ella, nerviosa. Pero su voz cada vez se iba haciendo más débil. Estaba perdiendo la consciencia, entregándosela a Jack.
- No lo creo, Ministra. Lo sé. - Comentó Jack divertido.
La Ministra Umbridge intentó replicar algo, pero su voz era apenas audible y simplemente un leve murmullo llegó a los oídos de Jack. La mirada de Umbridge se había perdido por completo. "Levántate." Ordenó Jack, a lo que Umbridge obedeció inmediatamente. "Sal de aquí. Te diré lo que debes hacer sobre la marcha..."

[...]

Umbridge se situó en el centro del vestíbulo. Jack, escondido tras una columna, dirigía sus movimientos. La ministra se llevó la varita a la garganta y susurró "Sonorus".

- Atención, quiero a todo el personal del Ministerio aquí, por favor. - Dijo con su aguda voz retumbando por toda la sala. Jack pensó que no había sido buena idea amplificarla. La gente comenzó a congregarse alrededor de Umbridge.
- ¡Ya estamos todos! - Exclamó alguien entre la multitud unos minutos después.
- De acuerdo. Quiero saber quién ha sido el grupo de idiotas que ha dejado escapar a un mortífago, el cual ha acabado en mi despacho.
El tribunal dio unos pasos adelante, algunos obligados por sus compañeros, con la cabeza agachada, sin atreverse a mirar a los ojos a la ministra.
- Fuimos nosotros, señora. - Dijo el mago que presidía el tribunal.
- Supongo que se dan cuenta del enorme error que han cometido, y que ese error debe conllevar una sanción.
- Si, señora. - Contestó el mismo mago, mientras el resto del tribunal afirmaba con la cabeza.
- Bien, pues desde este momento quedan degradados de sus puestos, relegados al Departamento de Uso Incorrecto de la Magia y considerados como incapacitados de por vida para ejercer el oficio de auror. - Dijo con mirada inquisitiva.
De repente John avanzó un par de pasos y miró a Umbridge a los ojos.
- ¿Qué ha sido del mortífago, señora? - Preguntó con voz temblorosa.
- Está muerto. - Replicó ella, cortante. - Ahora, señor Hardey, le ruego que usted y sus compañeros vayan a recuperar los cuerpos de los aurores lamentablemente caídos durante el escape del mortífago. Yo me encargaré del cadáver del susodicho.
- Señora, era mi hermano... ¿Qué hará con él?
- Su hermano era un mortífago, señor Hardey. Desintegraré su cuerpo como castigo por desobedecer repetidamente varias leyes mágicas. Y no quiero quejas señor Hardey.
John se fue de allí cabizbajo junto a sus compañeros del tribunal.
- Por cierto, - Añadio Umbridge en dirección a una bruja menuda y rubia. - avise a la prensa, Kate. Mañana pienso declarar oficialmente el inicio de la Gran Purga. Las aberraciones genéticas como los sangre sucia no deben ser considerados miembros activos de nuestra sociedad. - Concluyó.
Umbridge se retiró hacia su despacho, seguida por Jack, bajo el efecto de un encantamiento desilusionador.
- Buena chica... - Dijo él, una vez allí. - Ahora dame algo de polvos Flú, ¿quieres?
Umbridge comenzó a rebuscar en un pequeño bolsillo de su blusa de encaje, hasta sacar un pequeño puñado de polvos azules que entregó a Jack. Jack se metió en la chimenea y alzó la mano.
- Regenta el Ministerio como haría una buena mortífaga. Hazme sentir orgulloso. - Dijo con una sonrisa malvada antes de soltar los polvos y desaparecer de allí.

[...]

Jack llegó hasta la mansión Blood tras las correspondientes apariciones en su apartamento y el exterior de la mansión. Entró en la sala de estar y dejó su chaqueta verde sobre un sillón. "¿Purity? ¡Ya he llegado! Si te contara lo que he tenido que hacer...", dijo, pero no recibió respuesta alguna. "¿Hola?", preguntó. Zippo, su elfo, salió de un rincón, tembloroso y con los ojos llorosos.
- La señora Purity se ha ido, señor. - Dijo con voz aflautada.
- Uhm... de acuerdo. ¿Te ha dicho cuando volverá? - Preguntó Jack mientras subía la escalera.
- No me ha entendido, señor... se ha ido de aquí. Me pidió que no dijera nada. Pero Zippo es fiel a su amo, señor.
Jack se dio la vuelta repentinamente, mirando al elfo, creyendo haber escuchado mal.
- Repite eso.
- La señora Purity... se ha ido. - Dijo el elfo refugiándose rápidamente, temeroso de la furia de su amo.
- Sí, eso me había parecido oír... - Contestó.
Jack notó como se mareaba un poco. Rápidamente, agarró su chaqueta verde de nuevo y salió para aparecerse en un bosque. Sí... eso le calmaría. Comenzó a caminar tranquilamente entre los árboles, respirando profundamente el aire fresco de la naturaleza. Se sentó en una explanada situada entre varios árboles, repleta de hierba. Cuando iba a un bosque sentía que estaba en paz con el mundo. Que no había problemas. De repente un árbol se movió. Y alguien cayó de él. Una chica. Una chica que le era increíblemente familiar a Jack...
- Vaya... ¿qué haces por aquí, Hardey?
Sí... cuando Jack estaba en el bosque sentía que se olvidaba de todos sus problemas... a no ser que el problema estuviera en el propio bosque.
- Buenas tardes, Susan.

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