jueves, 13 de febrero de 2014

Capítulo 4 - Recuerdos

Jack caminaba lentamente, con los pies juntos y completamente desarmado. Miraba hacia el suelo, sin dignarse a mirar a la cara al auror que le había capturado. Se habían aparecido en las puertas del Ministerio, y ahora Jack analizaba detenidamente los grabados del suelo mientras se dirigía hacia las puertas tras las cuales se encontraba el tribunal que lo juzgaría. El auror le llevaba firmemente agarrado del brazo, sin permitirle ningún movimiento que pudiera ayudarle a escapar. De todas formas, de poco serviría librarse de su agarre. No podría llegar muy lejos desarmado en un edificio plagado de aurores. Decidió resignarse a su suerte y esperar a que el juzgado decidiera su destino. Por fin cruzó las puertas y se encontró frente a frente con el tribunal que dictaría su sentencia, presidido por Kingsley Shacklebott, el jefe de los aurores. A los lados, para sorpresa de Jack, había dos dementores. Jack sintió como le observaban a través de sus capuchas. Delante de los asientos de los jueces había un lince plateado. El Patronus de Shacklebott. Kingsley se levantó, con un pergamino en sus manos, y comenzó a leerlo.

- Jack Hardey, mago británico, este tribunal le acusa de asesinato, suplantación de identidad, tortura, empleo de magia delante de muggles, artes oscuras y de ser seguidor de Lord Voldemort. ¿Como se declara el acusado?
- Culpable. - Dijo Jack, impasible. No se arrepentía ni avergonzaba de los crímenes de los que le habían acusado. No tenía motivos para hacerlo. Estaba orgulloso de ser el más fiel seguidor que había tenido el Señor Tenebroso.
- En ese caso, este tribunal le condena a dos semanas en Azkaban y, una vez finalizadas estas... al beso del dementor.

Los dementores se alteraron al oír nombrarlos. De repente, Jack sintió como un frío recorría todo su cuerpo. Una mano delgada y putrefacta se posó en su hombro, y una cabeza encapuchada comenzó a acercarse a su rostro. Un revuelo se armó en el tribunal. Los magos se levantaban de sus asientos. Jack vio un destello de luz blanca y luego, no vio nada...

- ¿Qué no has oído de las maravillas del Señor Tenebroso? - Preguntó a Jack el extranjero. Jack no podía soportar su aliento. Ese tipo debía de haber estado bebiendo whisky de fuego todo el día... claro que es inevitable topar con borrachos cuando uno trabaja en el Caldero Chorreante. Había comenzado a trabajar allí una semana después de cumplir los 17 años. No era el tipo de trabajo con el que un mago solía soñar, pero al menos tenía aseguradas dos comidas al día. El extranjero dio otro trago de su copa. - El Señor Tenebroso es la solución a todos tus problemas. - Aseguró tambaleándose. - Puedo asegurarte que es el mago más poderoso que existe. Su éxito está asegurado. Y colmará de riquezas a quienes le acompañen.
- No lo dudo... - Dije mientras limpiaba un vaso. - Pero ¿cómo puedo unirme a él?
- Puedo llevarte ante él. - Dijo el extranjero abriendo mucho los ojos y gesticulando. - Estará encantado de que te unas a sus filas. Cuantos más mejor... Juntos conseguiremos un mundo dominado por los magos. Libre de muggles y sangre sucias. Las aberraciones genéticas no deberían tener sitio en este planeta. ¿Qué me dices?

Jack no se tomaba en serio lo que le decía el extranjero. No podía existir ningún mago con tal poder... sin embargo, si lo que le estaba contando fuera real... no, debía quitarse esas ideas de la cabeza. Un mundo no solo dominado por magos, sino habitado únicamente por ellos... un mundo sin tener que esconderse. Sin muggles interfiriendo. Jack pensó en ello. Finalmente afirmó con la cabeza, confirmando al extranjero que quería conocer al 'Señor Tenebroso'. Salió de detrás de la barra y cogió su chaqueta de un perchero al lado de la puerta. "Tom, me tomaré un descanso", dijo al joven encargado de la taberna. El extranjero sonrió, mostrando una sonrisa llena de dientes putrefactos. Salieron del pub a la par, y el extranjero le agarró del brazo. "Nos apareceremos", dijo. Jack asintió de nuevo y sintió un tirón en el estómago. De repente el callejón de Londres donde se encontraba el Caldero Chorreante desapareció, y un bosque comenzó a formarse a su alrededor. Los árboles eran altísimos, y el suelo irregular, en una extraña combinación de tierra y roca. Unos metros mas allá, entre el espesor de los árboles, una mansión de ladrillos rojos se alzaba tras una verja metálica. El extranjero se encaminó hacia ella, con Jack tras él. Alzó el puño izquiero y la verja se abrió, dándoles paso a la inmensa mansión. Entraron, y el extranjero se giró hacia Jack y se llevo el índice a la boca, indicándole que guardara silencio. Procurando hacer el menor ruido posible, Jack siguió al extranjero hasta una habitación del piso superior. En su interior había únicamente una gran silla mirando en dirección al ventanal. Jack entró a la habitación, temeroso de lo que pudiera encontrar allí.

- Mi señor... - Dijo el extranjero. - He traído a alguien interesado en unirse a nosotros. - Dijo el extranjero, haciendo una reverencia sin perder de vista la silla.
- Mi querido Wolovitz, ¿me estás diciendo que has traído a un desconocido a mí? - Dijo una voz aguda y fría desde detrás de la silla.
- Mi señor... quiere unirse a...
- ¡Silencio! - Exclamó la voz. - Me has decepcionado... Te creía más inteligente. - Una mano pálida asomó por un lateral del respaldo, apoyándose en el posabrazos. Sus largos dedos sostenían una varita blanca. Los músculos de la mano se tensaron, y dejaron ver un brazo cubierto por una túnica negra. El hombre de la silla se levantó y miró al extranjero. Sus ojos eran color rojo. Su boca sin labios se curvaba en una mueca de ira. Alzó el brazo, apuntando con su varita a Wolovitz. El extranjero se arrodilló, rogando clemencia, pero el hombre de la silla se mostró impasible. - ¡Avada Kedavra! - Gritó. Un rayo de luz verde salió de la varita e impactó contra el pecho de Wolovitz. Su cuerpo sin vida se derrumbó, rebotando contra el suelo de madera. - En cuanto a ti... - Dijo dirigiendo la mirada a Jack. Era la primera vez que veía una maldición asesina en acción. 
- No lo haré. - Le espetó Jack, mirando a los ojos al hombre que hacía unos instantes había asesinado a su acompañante. - No me arrodillaré. No imploraré perdón. Si vas a matarme, hazlo ya. - Dijo Jack, en un tono que denotaba más seguridad en sí mismo de la que tenía realmente. El asesino sonrió.
- ¿Estás seguro de eso? - Dijo mostrando una lengua bífida al reír. - Comprobémoslo. ¡Imperio! - Jack sintió como el hechizo penetraba en él. De repente oyó en su mente la voz del hombre. - Arrodíllate. Hazlo y tu muerte será rápida. Llora pidiendo clemencia... - Ordenó la voz.
- ¡Jamás! - Gritó Jack, tanto en su mente como en la realidad. El Señor Oscuro rompió el hechizo, mirando a Jack receloso.
- ¿Cuál es tu nombre? - Reclamó, exigiendo una respuesta.
- Jack. Jack Hardey. - Dijo Jack sorprendido ante el cambio de actitud del hombre.
- Hardey... tu hermano el auror nos ha traído algunos problemas..
- Mi hermano es un imbécil. - Sentenció Jack, interrumpiéndole. - Quiero unirme a usted. - Pidió mirando de reojo el cadáver. - 
- Nagini... - Dijo el Señor Tenebroso a ninguna parte. Una serpiente albina salió de detrás de la silla, arrastrándose lentamente hasta estar junto a Voldemort. Miró a Jack y siseó, como expresando su deseo de devorarle. Voldemort señaló el cuerpo sin vida del extranjero y la serpiente se dirigió hacia él. Jack desvió la mirada. - ¿Y qué te hace pensar que te aceptaré? - Preguntó Voldemort dirigiéndose a Jack. Éste se arrodilló.
- Tiene en mi a un fiel siervo, señor... - Dijo mirándole fijamente. - Mis objetivos son los suyos. Estoy dispuesto a dar mi vida por la causa.
- Legeremens... - Susurró el Señor Oscuro dirigiendo su varita hacia él. Jack sintió como penetraba de nuevo en su mente, pero de una manera distinta a la anterior. Tras unos segundos, la sensación cedió. - De manera que dices la verdad... - Voldemort hizo una seña a Jack, indicándole que se acercara. Jack obedeció, encaminándose hacia él hasta dejar unos palmos de margen. El Señor Oscuro agarró su brazo izquierdo y lo remangó. - Morsmordre. - Dijo tranquilo apuntando con la varita hacia su muñeca. Jack sintió como su sangre se convertía en fuego, quemándole desde dentro. Se derrumbó de puro dolor en el entarimado mientras Voldemort le miraba con prepotencia. Tras unos segundos en el suelo el dolor cedió. Sin embargo, Jack seguia notando un escozor en la muñeca izquierda. La miró y observó que en ella se había dibujado un cráneo con una serpiente saliendo de su boca. Le habían grabado a fuego la Marca Tenebrosa.

Otro destello de luz blanca. Una habitación comenzó a formarse a su alrededor.

La Mansión Hardey estaba iluminada. De todas las ventanas de su fachada emergía luz de fuente mágica. Jack Hardey estaba sentado en la sala de estar, leyendo tranquilo un libro. Su hermano estaba de viaje en Escocia y podía usar la mansión familiar durante ese período de tiempo. Esa casa debería ser suya. Pero por desgracia su hermano era el primogénito, y sus padres habían firmado esa estupidez del 'mayorazgo'. Jack se dio cuenta de que no sabía como habían muerto sus padres. Lo cierto es que tampoco le importaba. Nunca los había soportado. Simplemente murieron. Era la única información que necesitaba. Jack vio por la cristalera como una figura delgada se aparecía en el jardín, y corría hacia la puerta. Tres golpes secos sonaron en el recibidor. Jack continuó leyendo mientras el elfo de la familia corría a abrir la puerta, tropezando por el sueño. Las bisagras oxidadas rechinaron y Bellatrix Lestrange entró, dirigiéndose con paso firme hacia la sala de estar. 

- ¡Jack! - Dijo acercándose a él apresuradamente. - ¡Ha muerto! ¡Nuestro señor ha muerto! - Jack no podía creer lo que oía. ¿El Señor Tenebroso morir? Aquello era demasiado descabellado para ser verdad. Era el mago más poderoso del planeta. Nadie podía vencerle. Miró a Bellatrix, buscando una explicación más detallada. Ella tenía los ojos brillantes, a punto de derramar lágrimas. - Él fue a casa de los Potter. La profecía señalaba al niño. ¡El niño! Fue allí y mató al padre y a la madre. Pero el niño sobrevivió.
- ¡¿Cómo que sobrevivió?! - Exclamó Jack. Era imposible que un simple crío sobreviviera al Señor Tenebroso. 
- Sobrevivió a la maldición asesina Jack... ¡Sobrevivió!
- ¡Imposible! - Exclamó él arrojando el libro al suelo y levantándose del sillón. - ¡Un crío no ha podido sobrevivir a un Avada Kedavra! ¡Nadie puede! 
- ¡Ya lo sé! - Replicó Bellatrix gritando. - La maldición rebotó. El Señor Oscuro... ha muerto. - Dijo entristecida. 
- No. - Contestó Jack. - Jamás lo hará. - Bellatrix alzó la mirada hacia Jack, mirándole confusa. - Seguiremos su obra.

Un destello más de luz deslumbró los ojos de Jack. Los abrió lentamente y vio a los magos del tribunal apostados alrededor suya, y a su hermano a su lado. Los dementores estaban acorralados por un mono plateado. John le ofreció su mano.

- Levanta... - Dijo agarrando su muñeca y alzándole. - Parece que los dementores estaban impacientes por probar tus labios. - Bromeó John. -
- Desde luego, la pérdida de mi alma es algo muy gracioso... - Replicó Jack con sarcasmo. John miró hacia el suelo, visiblemente avergonzado. Jack se desprendió del agarre de su hermano y se dirigió hacia la puerta. - Avisadme cuando vayáis a llevarme a Azkaban...

La puerta se cerró justo a tiempo para permitir a Jack oír a su hermano decir "Esperad un momento... ¡Se ha llevado mi varita!"

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