Jack se sacó de la manga la varita que había arrebatado a su hermano y corrió por el estrecho pasillo que separaba la sala del tribunal del enorme vestíbulo y, por tanto, de su única posibilidad de escapar. Oyó como de la puerta, situada ya a unos 20 metros de él, emergía el sonido de pasos apresurados y gritos. Al oír un fuerte golpé Jack volvió la cabeza. La puerta había sido abierta violentamente y todos los magos del tribunal salían por ella, en persecución de Jack. Jack se preguntó por qué los dementores no habrían salido también en su busca. Tal vez el macaco de su hermano los tuviera aún acorralados. Un Desmaius pasó por encima de su cabeza, desvanecióndose en el techo, y un hechizo que no supo reconocer le habría dado de lleno en la espalda de no haberlo esquivado en el último momento. Jack aferró firmemente la varita y apuntó hacia el grupo de magos. "Avada Kedavra", gritó. El cuerpo de uno de los miembros se desplomó en el suelo. Un par de sus compañeros se quedaron atrás, inspeccionándole y comprobando si había muerto. ¿Acaso esos idiotas dudaban de la efectividad de la maldición asesina? Era imposible sobrevivir a ella. Pero era demasiado lenta. Había demasiados magos corriendo tras de él como para asesinarlos a todos sin que algún hechizo le acertara. Decidió usar un medio más rápido y menos sofisticado. "¡Bombarda!", pensó Jack con todas sus fuerzas. Estaba cerca del vestíbulo y sería conveniente no llamar demasiada atención gritando hechizos. Un rayo de luz naranja emergió de su varita y chocó contra el techo bajo el que estaban los aurores. El pasillo entero retumbó, y parte del pasillo se derrumbó, aplastando a algunos aurores y aprisionando a otros. Jack sonrió. Se había librado del ataque dorsal, pero la explosión habría llamado la atención de todos los funcionarios. Se apuntó a sí mismo con la varita y se aplicó un encantamiento desilusionador. No duraría mucho. No con una varita robada. Jack salió del pasillo segundos antes de que varios magos y brujas entraran en él, en busca de la fuente de la explosión. Corrió hacia una chimenea que estaba aún transportando a alguien. No logró entrar, y no disponía de polvos flu para realizar un viaje individualmente. Decidió alejarse de la zona de conflicto, intentando ser lo menos localizable posible en el interior del Ministerio. Al menos hasta que encontrara una forma de escapar.
Un pitido sonó a su espalda, y del ascensor salió un grupo de magos, dirigiéndose a toda velocidad al dichoso pasillo. Jack entró en el ascensor y pulsó el botón del piso inferior, sin importarle a cual fuera. El ascensor vacío por completo a excepción de la desapercibida presencia de Jack comenzó a descender hacia las entrañas del edificio. Tras varios minutos de descenso el ascensor se detuvo, anunciando "Primer piso, Ministro de Magia y Personal de Apoyo". Jack salió en silencio del ascensor, pero el departamento estaba completamente vacío. Por suerte, ya que Jack estaba comenzando a notar como el efecto del encantamiento desilusionador comenzaba a hacer efecto. Jack caminó apresurado hacia todos los escritorios que encontraba, abriendo cajones y armarios en busca de restos de Polvos Flú o alguna manera de escapar, pero su búsqueda fue infructuosa. Jack miró a su alrededor en busca de algo que lo ayudara, encontrando para su sorpresa un pasillo escondido por un muro paralelo. Al final del pasillo había una puerta de madera blanca. Jack corrió hacia allí y se detuvo ante ella, escuchando, tratando de averiguar si alguien se encontraba en su interior. Apoyó la oreja en la puerta y le pareció escuchar gatos maullando levemente tras ella. ¿Gatos? Jack entró y se encontró una escena que le provocó náuseas. Una habitación circular enteramente pintada de rosa, con cuadros, bordados y cerámicas de gatos por doquier. Jack tuvo la sensación de que los gatos le observaban mientras se adentraba en el pequeño despacho, y un par de ellos maulló a su paso, sobresaltándole. Jack se dirigió al enorme escritorio que había frente a la puerta y se agachó, rebuscando por los cajones algo que pudiera serle útil. Había abierto tres cajones cuando la puerta rechinó, abriéndose, y unos pasos sonaron al entrar. Jack se quedó inmóvil, intentando pasar desapercibido y rogando que quién fuera que hubiese entrado se marchara ya. Pero los pasos se dirigieron hacia el escritorio, y Jack notó como unos ojos le observaron durante décimas de segundo antes de que una voz enervantemente aguda dijera inquisitivamente: "¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí?". Jack se incorporó y miró desafiante, varita en mano, a los ojos de sapo de la ministra Umbridge.
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