miércoles, 19 de febrero de 2014

Capítulo 5 - Escapando del juicio final.

Jack se sacó de la manga la varita que había arrebatado a su hermano y corrió por el estrecho pasillo que separaba la sala del tribunal del enorme vestíbulo y, por tanto, de su única posibilidad de escapar. Oyó como de la puerta, situada ya a unos 20 metros de él, emergía el sonido de pasos apresurados y gritos. Al oír un fuerte golpé Jack volvió la cabeza. La puerta había sido abierta violentamente y todos los magos del tribunal salían por ella, en persecución de Jack. Jack se preguntó por qué los dementores no habrían salido también en su busca. Tal vez el macaco de su hermano los tuviera aún acorralados. Un Desmaius pasó por encima de su cabeza, desvanecióndose en el techo, y un hechizo que no supo reconocer le habría dado de lleno en la espalda de no haberlo esquivado en el último momento. Jack aferró firmemente la varita y apuntó hacia el grupo de magos. "Avada Kedavra", gritó. El cuerpo de uno de los miembros se desplomó en el suelo. Un par de sus compañeros se quedaron atrás, inspeccionándole y comprobando si había muerto. ¿Acaso esos idiotas dudaban de la efectividad de la maldición asesina? Era imposible sobrevivir a ella. Pero era demasiado lenta. Había demasiados magos corriendo tras de él como para asesinarlos a todos sin que algún hechizo le acertara. Decidió usar un medio más rápido y menos sofisticado. "¡Bombarda!", pensó Jack con todas sus fuerzas. Estaba cerca del vestíbulo y sería conveniente no llamar demasiada atención gritando hechizos. Un rayo de luz naranja emergió de su varita y chocó contra el techo bajo el que estaban los aurores. El pasillo entero retumbó, y parte del pasillo se derrumbó, aplastando a algunos aurores y aprisionando a otros. Jack sonrió. Se había librado del ataque dorsal, pero la explosión habría llamado la atención de todos los funcionarios. Se apuntó a sí mismo con la varita y se aplicó un encantamiento desilusionador. No duraría mucho. No con una varita robada. Jack salió del pasillo segundos antes de que varios magos y brujas entraran en él, en busca de la fuente de la explosión. Corrió hacia una chimenea que estaba aún transportando a alguien. No logró entrar, y no disponía de polvos flu para realizar un viaje individualmente. Decidió alejarse de la zona de conflicto, intentando ser lo menos localizable posible en el interior del Ministerio. Al menos hasta que encontrara una forma de escapar.
Un pitido sonó a su espalda, y del ascensor salió un grupo de magos, dirigiéndose a toda velocidad al dichoso pasillo. Jack entró en el ascensor y pulsó el botón del piso inferior, sin importarle a cual fuera. El ascensor vacío por completo a excepción de la desapercibida presencia de Jack comenzó a descender hacia las entrañas del edificio. Tras varios minutos de descenso el ascensor se detuvo, anunciando "Primer piso, Ministro de Magia y Personal de Apoyo". Jack salió en silencio del ascensor, pero el departamento estaba completamente vacío. Por suerte, ya que Jack estaba comenzando a notar como el efecto del encantamiento desilusionador comenzaba a hacer efecto. Jack caminó apresurado hacia todos los escritorios que encontraba, abriendo cajones y armarios en busca de restos de Polvos Flú o alguna manera de escapar, pero su búsqueda fue infructuosa. Jack miró a su alrededor en busca de algo que lo ayudara, encontrando para su sorpresa un pasillo escondido por un muro paralelo. Al final del pasillo había una puerta de madera blanca. Jack corrió hacia allí y se detuvo ante ella, escuchando, tratando de averiguar si alguien se encontraba en su interior. Apoyó la oreja en la puerta y le pareció escuchar gatos maullando levemente tras ella. ¿Gatos? Jack entró y se encontró una escena que le provocó náuseas. Una habitación circular enteramente pintada de rosa, con cuadros, bordados y cerámicas de gatos por doquier. Jack tuvo la sensación de que los gatos le observaban mientras se adentraba en el pequeño despacho, y un par de ellos maulló a su paso, sobresaltándole. Jack se dirigió al enorme escritorio que había frente a la puerta y se agachó, rebuscando por los cajones algo que pudiera serle útil. Había abierto tres cajones cuando la puerta rechinó, abriéndose, y unos pasos sonaron al entrar. Jack se quedó inmóvil, intentando pasar desapercibido y rogando que quién fuera que hubiese entrado se marchara ya. Pero los pasos se dirigieron hacia el escritorio, y Jack notó como unos ojos le observaron durante décimas de segundo antes de que una voz enervantemente aguda dijera inquisitivamente: "¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí?". Jack se incorporó y miró desafiante, varita en mano, a los ojos de sapo de la ministra Umbridge.

jueves, 13 de febrero de 2014

Capítulo 4 - Recuerdos

Jack caminaba lentamente, con los pies juntos y completamente desarmado. Miraba hacia el suelo, sin dignarse a mirar a la cara al auror que le había capturado. Se habían aparecido en las puertas del Ministerio, y ahora Jack analizaba detenidamente los grabados del suelo mientras se dirigía hacia las puertas tras las cuales se encontraba el tribunal que lo juzgaría. El auror le llevaba firmemente agarrado del brazo, sin permitirle ningún movimiento que pudiera ayudarle a escapar. De todas formas, de poco serviría librarse de su agarre. No podría llegar muy lejos desarmado en un edificio plagado de aurores. Decidió resignarse a su suerte y esperar a que el juzgado decidiera su destino. Por fin cruzó las puertas y se encontró frente a frente con el tribunal que dictaría su sentencia, presidido por Kingsley Shacklebott, el jefe de los aurores. A los lados, para sorpresa de Jack, había dos dementores. Jack sintió como le observaban a través de sus capuchas. Delante de los asientos de los jueces había un lince plateado. El Patronus de Shacklebott. Kingsley se levantó, con un pergamino en sus manos, y comenzó a leerlo.

- Jack Hardey, mago británico, este tribunal le acusa de asesinato, suplantación de identidad, tortura, empleo de magia delante de muggles, artes oscuras y de ser seguidor de Lord Voldemort. ¿Como se declara el acusado?
- Culpable. - Dijo Jack, impasible. No se arrepentía ni avergonzaba de los crímenes de los que le habían acusado. No tenía motivos para hacerlo. Estaba orgulloso de ser el más fiel seguidor que había tenido el Señor Tenebroso.
- En ese caso, este tribunal le condena a dos semanas en Azkaban y, una vez finalizadas estas... al beso del dementor.

Los dementores se alteraron al oír nombrarlos. De repente, Jack sintió como un frío recorría todo su cuerpo. Una mano delgada y putrefacta se posó en su hombro, y una cabeza encapuchada comenzó a acercarse a su rostro. Un revuelo se armó en el tribunal. Los magos se levantaban de sus asientos. Jack vio un destello de luz blanca y luego, no vio nada...

- ¿Qué no has oído de las maravillas del Señor Tenebroso? - Preguntó a Jack el extranjero. Jack no podía soportar su aliento. Ese tipo debía de haber estado bebiendo whisky de fuego todo el día... claro que es inevitable topar con borrachos cuando uno trabaja en el Caldero Chorreante. Había comenzado a trabajar allí una semana después de cumplir los 17 años. No era el tipo de trabajo con el que un mago solía soñar, pero al menos tenía aseguradas dos comidas al día. El extranjero dio otro trago de su copa. - El Señor Tenebroso es la solución a todos tus problemas. - Aseguró tambaleándose. - Puedo asegurarte que es el mago más poderoso que existe. Su éxito está asegurado. Y colmará de riquezas a quienes le acompañen.
- No lo dudo... - Dije mientras limpiaba un vaso. - Pero ¿cómo puedo unirme a él?
- Puedo llevarte ante él. - Dijo el extranjero abriendo mucho los ojos y gesticulando. - Estará encantado de que te unas a sus filas. Cuantos más mejor... Juntos conseguiremos un mundo dominado por los magos. Libre de muggles y sangre sucias. Las aberraciones genéticas no deberían tener sitio en este planeta. ¿Qué me dices?

Jack no se tomaba en serio lo que le decía el extranjero. No podía existir ningún mago con tal poder... sin embargo, si lo que le estaba contando fuera real... no, debía quitarse esas ideas de la cabeza. Un mundo no solo dominado por magos, sino habitado únicamente por ellos... un mundo sin tener que esconderse. Sin muggles interfiriendo. Jack pensó en ello. Finalmente afirmó con la cabeza, confirmando al extranjero que quería conocer al 'Señor Tenebroso'. Salió de detrás de la barra y cogió su chaqueta de un perchero al lado de la puerta. "Tom, me tomaré un descanso", dijo al joven encargado de la taberna. El extranjero sonrió, mostrando una sonrisa llena de dientes putrefactos. Salieron del pub a la par, y el extranjero le agarró del brazo. "Nos apareceremos", dijo. Jack asintió de nuevo y sintió un tirón en el estómago. De repente el callejón de Londres donde se encontraba el Caldero Chorreante desapareció, y un bosque comenzó a formarse a su alrededor. Los árboles eran altísimos, y el suelo irregular, en una extraña combinación de tierra y roca. Unos metros mas allá, entre el espesor de los árboles, una mansión de ladrillos rojos se alzaba tras una verja metálica. El extranjero se encaminó hacia ella, con Jack tras él. Alzó el puño izquiero y la verja se abrió, dándoles paso a la inmensa mansión. Entraron, y el extranjero se giró hacia Jack y se llevo el índice a la boca, indicándole que guardara silencio. Procurando hacer el menor ruido posible, Jack siguió al extranjero hasta una habitación del piso superior. En su interior había únicamente una gran silla mirando en dirección al ventanal. Jack entró a la habitación, temeroso de lo que pudiera encontrar allí.

- Mi señor... - Dijo el extranjero. - He traído a alguien interesado en unirse a nosotros. - Dijo el extranjero, haciendo una reverencia sin perder de vista la silla.
- Mi querido Wolovitz, ¿me estás diciendo que has traído a un desconocido a mí? - Dijo una voz aguda y fría desde detrás de la silla.
- Mi señor... quiere unirse a...
- ¡Silencio! - Exclamó la voz. - Me has decepcionado... Te creía más inteligente. - Una mano pálida asomó por un lateral del respaldo, apoyándose en el posabrazos. Sus largos dedos sostenían una varita blanca. Los músculos de la mano se tensaron, y dejaron ver un brazo cubierto por una túnica negra. El hombre de la silla se levantó y miró al extranjero. Sus ojos eran color rojo. Su boca sin labios se curvaba en una mueca de ira. Alzó el brazo, apuntando con su varita a Wolovitz. El extranjero se arrodilló, rogando clemencia, pero el hombre de la silla se mostró impasible. - ¡Avada Kedavra! - Gritó. Un rayo de luz verde salió de la varita e impactó contra el pecho de Wolovitz. Su cuerpo sin vida se derrumbó, rebotando contra el suelo de madera. - En cuanto a ti... - Dijo dirigiendo la mirada a Jack. Era la primera vez que veía una maldición asesina en acción. 
- No lo haré. - Le espetó Jack, mirando a los ojos al hombre que hacía unos instantes había asesinado a su acompañante. - No me arrodillaré. No imploraré perdón. Si vas a matarme, hazlo ya. - Dijo Jack, en un tono que denotaba más seguridad en sí mismo de la que tenía realmente. El asesino sonrió.
- ¿Estás seguro de eso? - Dijo mostrando una lengua bífida al reír. - Comprobémoslo. ¡Imperio! - Jack sintió como el hechizo penetraba en él. De repente oyó en su mente la voz del hombre. - Arrodíllate. Hazlo y tu muerte será rápida. Llora pidiendo clemencia... - Ordenó la voz.
- ¡Jamás! - Gritó Jack, tanto en su mente como en la realidad. El Señor Oscuro rompió el hechizo, mirando a Jack receloso.
- ¿Cuál es tu nombre? - Reclamó, exigiendo una respuesta.
- Jack. Jack Hardey. - Dijo Jack sorprendido ante el cambio de actitud del hombre.
- Hardey... tu hermano el auror nos ha traído algunos problemas..
- Mi hermano es un imbécil. - Sentenció Jack, interrumpiéndole. - Quiero unirme a usted. - Pidió mirando de reojo el cadáver. - 
- Nagini... - Dijo el Señor Tenebroso a ninguna parte. Una serpiente albina salió de detrás de la silla, arrastrándose lentamente hasta estar junto a Voldemort. Miró a Jack y siseó, como expresando su deseo de devorarle. Voldemort señaló el cuerpo sin vida del extranjero y la serpiente se dirigió hacia él. Jack desvió la mirada. - ¿Y qué te hace pensar que te aceptaré? - Preguntó Voldemort dirigiéndose a Jack. Éste se arrodilló.
- Tiene en mi a un fiel siervo, señor... - Dijo mirándole fijamente. - Mis objetivos son los suyos. Estoy dispuesto a dar mi vida por la causa.
- Legeremens... - Susurró el Señor Oscuro dirigiendo su varita hacia él. Jack sintió como penetraba de nuevo en su mente, pero de una manera distinta a la anterior. Tras unos segundos, la sensación cedió. - De manera que dices la verdad... - Voldemort hizo una seña a Jack, indicándole que se acercara. Jack obedeció, encaminándose hacia él hasta dejar unos palmos de margen. El Señor Oscuro agarró su brazo izquierdo y lo remangó. - Morsmordre. - Dijo tranquilo apuntando con la varita hacia su muñeca. Jack sintió como su sangre se convertía en fuego, quemándole desde dentro. Se derrumbó de puro dolor en el entarimado mientras Voldemort le miraba con prepotencia. Tras unos segundos en el suelo el dolor cedió. Sin embargo, Jack seguia notando un escozor en la muñeca izquierda. La miró y observó que en ella se había dibujado un cráneo con una serpiente saliendo de su boca. Le habían grabado a fuego la Marca Tenebrosa.

Otro destello de luz blanca. Una habitación comenzó a formarse a su alrededor.

La Mansión Hardey estaba iluminada. De todas las ventanas de su fachada emergía luz de fuente mágica. Jack Hardey estaba sentado en la sala de estar, leyendo tranquilo un libro. Su hermano estaba de viaje en Escocia y podía usar la mansión familiar durante ese período de tiempo. Esa casa debería ser suya. Pero por desgracia su hermano era el primogénito, y sus padres habían firmado esa estupidez del 'mayorazgo'. Jack se dio cuenta de que no sabía como habían muerto sus padres. Lo cierto es que tampoco le importaba. Nunca los había soportado. Simplemente murieron. Era la única información que necesitaba. Jack vio por la cristalera como una figura delgada se aparecía en el jardín, y corría hacia la puerta. Tres golpes secos sonaron en el recibidor. Jack continuó leyendo mientras el elfo de la familia corría a abrir la puerta, tropezando por el sueño. Las bisagras oxidadas rechinaron y Bellatrix Lestrange entró, dirigiéndose con paso firme hacia la sala de estar. 

- ¡Jack! - Dijo acercándose a él apresuradamente. - ¡Ha muerto! ¡Nuestro señor ha muerto! - Jack no podía creer lo que oía. ¿El Señor Tenebroso morir? Aquello era demasiado descabellado para ser verdad. Era el mago más poderoso del planeta. Nadie podía vencerle. Miró a Bellatrix, buscando una explicación más detallada. Ella tenía los ojos brillantes, a punto de derramar lágrimas. - Él fue a casa de los Potter. La profecía señalaba al niño. ¡El niño! Fue allí y mató al padre y a la madre. Pero el niño sobrevivió.
- ¡¿Cómo que sobrevivió?! - Exclamó Jack. Era imposible que un simple crío sobreviviera al Señor Tenebroso. 
- Sobrevivió a la maldición asesina Jack... ¡Sobrevivió!
- ¡Imposible! - Exclamó él arrojando el libro al suelo y levantándose del sillón. - ¡Un crío no ha podido sobrevivir a un Avada Kedavra! ¡Nadie puede! 
- ¡Ya lo sé! - Replicó Bellatrix gritando. - La maldición rebotó. El Señor Oscuro... ha muerto. - Dijo entristecida. 
- No. - Contestó Jack. - Jamás lo hará. - Bellatrix alzó la mirada hacia Jack, mirándole confusa. - Seguiremos su obra.

Un destello más de luz deslumbró los ojos de Jack. Los abrió lentamente y vio a los magos del tribunal apostados alrededor suya, y a su hermano a su lado. Los dementores estaban acorralados por un mono plateado. John le ofreció su mano.

- Levanta... - Dijo agarrando su muñeca y alzándole. - Parece que los dementores estaban impacientes por probar tus labios. - Bromeó John. -
- Desde luego, la pérdida de mi alma es algo muy gracioso... - Replicó Jack con sarcasmo. John miró hacia el suelo, visiblemente avergonzado. Jack se desprendió del agarre de su hermano y se dirigió hacia la puerta. - Avisadme cuando vayáis a llevarme a Azkaban...

La puerta se cerró justo a tiempo para permitir a Jack oír a su hermano decir "Esperad un momento... ¡Se ha llevado mi varita!"

miércoles, 12 de febrero de 2014

Capítulo 3 - Severus

Purity se levantó del sofá al oír esas palabras y se acercó a Jack, contóneandose
- ¿A ver a Severus? - Preguntó, acercándose a él.
- Sí. Tal vez a él se le ocurra algo. Yo... estoy en blanco. Espero volver para esta noche. Y con soluciones.
- De acuerdo. Adiós. - Dijo ella girándose. Jack la puso una mano en el hombro y la giró. "Espera...", dijo, y la dio un profundo beso. 
 Purity se quedó mirándole unos instantes y le devolvió el beso, posando sus manos en la nuca de Jack. Se separaron y Jack salió de la casa cerrando la puerta, sin decir nada. Caminó hasta los límites de la parcela, dejando atrás su rango de protección, y se apareció en su antiguo apartamento de Hogsmeade. Entonces recordó su primer encuentro con Purity. Había sido en Borgin y Burkes... A él le había gustado su actitud. Le había caído bien. La había invitado a su casa. Incluso a cenar. Y ella se llevó su posesión más preciada: El Necronomicón. El libro de los muertos.
Jack sonrió al recordarlo. Si ella no se hubiera llevado el libro no habrían hecho el trato que le llevó a vivir en casa de Purity. Tal vez nada de lo que estaba pasando hubiera ocurrido... De pronto Jack recordó por qué había ido allí. La chimenea. La de Purity no estaba conectada a la red Flu... se metió la mano izquierda en un bolsillo de la chaqueta y sacó un puñado de polvo azulado. Con la mano que le quedaba libre sacó su varita del bolsillo interior y apuntó a la chimenea. Golpeó el aire con ella y un destello salió de su extremo, yendo a parar a a chimenea, donde un crepitante fuego se encendió. Se acercó a él, con el puñado de polvos aún en la mano y los echó a la chimenea. El fuego creció, y cambió su tonalidad, tornándose del mismo azul de los polvos. Jack se arrodilló y metió la cabeza en el fuego, con seguridad. "Despacho de Severus Snape, en Hogwarts", pensó con fuerza. De repente, una habitación comenzó a formarse en el interior de la chimenea. Sus paredes estában hechas de ladrillos de roca sin pulir, y en algunos estantes había frascos con numerosos ingredientes de Pociones. Enfrente de la chimenea, trabajando en un pequeño escritorio de ébano, sin percibir la presencia de Jack, estaba Severus Snape. Vestía una túnica negra, y su característico pelo grasiento caía sobre su rostro.
- Severus... - Susurró Jack, en un intento por hacerse notar. Snape alzó la mirada, buscando el origen de la voz, hasta que dio con la chimenea.
- Vaya, Jack... que agradable sorpresa... - Dijo él levantándose del asiento, impasible, en un tono que aclaraba que no era agradable. - Tengo entendido que el Ministerio te está buscando. Creía que te daban por muerto... ¿Quién dio contigo?
- Mi hermano... Yo y Rodolphus tuvimos un desafortunado encuentro con San Potter... y al parecer a mi querido hermano le alarmaron los gritos. Nos encontró en plena tortura. De haber estado preparado... - Dijo apretando los dientes, furioso por pensar que John había logrado desarmarle. Jack era mucho mejor duelista que John... pero ese día estaba agotado. Miró a Snape, en busca de ayuda
 - ¿Y qué te hace pensar que viniendo aquí se arreglaran las cosas?
- Severus... pensé que tal vez a ti se te ocurriera algo.
- No ha sido un acto muy inteligente venir aquí Jack... ni siquiera tu cabeza. Cualquiera podría irrumpir en el despacho y sorprenderme hablando contigo. Y sabes lo que eso significaría. Tanto para ti como para mí. De manera que seré breve... siempre se te dio bien observar a las personas, Jack. Pero nunca te molestaste en observar a tu hermano. - Dijo Severus, sentándose de nuevo, sin perder de vista la cabeza de Jack en la chimenea. -
-  Me temo que no te entiendo, Severus...
- Él está convencido de que puede hacerte cambiar. De que puede... "sacarte del Lado Oscuro".  Puedes usarlo en su contra. Convéncele de que se una a nosotros. Dile que si no te matarán. Funcionará. - Dijo Severus, volviendo a escribir sobre los pergaminos del escritorio. - Ahora largo.
Jack salió de la chimenea, pensando en lo que le había dicho Snape. Las llamas volvieron a su color naranja habitual. ¿Funcionaría? En una cosa Snape tenía razón: jamás se había molestado en observar a su hermano. Jamás lo había considerado necesario. Debía ser la persona más simple de Londres. Pensando en esto Jack se dirigió la puerta y salió. Decidió intentarlo. Tenía mucho que perder si no lo hacía. Repentinamente, en la calle principal de Hogsmeade, notó como su varita se deslizaba fuera del apretado bolsillo de su vaquero. Se giró para averiguar qué ocurría cuando se dio cuenta. Ensimismado, había salido a una calle llena de gente mientras era buscado por los aurores. Una varita le apuntaba directamente a la cara.

- Jack Hardey, en nombre del Ministerio de Magia Británico, quedas detenido.

martes, 11 de febrero de 2014

Capítulo 2 - La selección

Un niño moreno caminaba, con la cabeza gacha. El cielo, sobre su cabeza, escupía gotas de lluvia, pero no se mojaba. Los niños a su alrededor, asombrados, todavía contemplaban boquiabiertos el techo del Gran Comedor. Pero él no. Él ya estaba harto de oír a su hermano relatar las maravillas de Hogwarts durante las vacaciones. Pero por fin ese año había llegado su momento. Se paró en mitad del pasillo lateral. Todo el comedor estaba inundado por el murmullo de voces, tanto de alumnos como de profesores. Decidió permanecer callado, esperando paciente a que el Subdirector Dumbledore dijera su nombre, reclamándole para la selección. Desde la mesa de Gryffindor, su hermano le saludó. El niño miró hacia el suelo, resoplando, sin devolver el saludo. Nunca había aguantado a su hermano. No iba a empezar a fingir ahora. Levantó la mirada, analizando las distintas mesas. Primero miró la de los Gryffindors. Allí estaba su hermano, en su último año de escuela. Más allá, los ya conocidos payasos de 5º: James Potter y Sirius Black. Según le había contado su hermano, siempre estaban metiéndose en líos. Idiotas... Revisó la mesa de Ravenclaw, pero no vio ningún rostro al que pudiera asignar un nombre... le tocaba el turno a la mesa de Hufflepuff. Una alumna que cambiaba constantemente el color de su pelo llamó su atención. No podía tener más de 13 años. Para finalizar, dirigió su mirada a la mesa de Slytherin, la más próxima a él. La recorrió de cabo a rabo, pero no logró encontrar ninguna cara conocida. Para su sorpresa, encontró unos ojos que le devolvían la mirada desafiantes. Pertenecían a un estudiante con el pelo negro azabache, que le llegaba por los hombros. En su pecho lucía una insignia esmeralda de prefecto. El prefecto le mantuvo la mirada durante unos segundos y luego continuó hablando con el estudiante de al lado, un muchacho con una larga cabellera rubio platino. De repente, el profesor Dumbledore se levantó de su asiento. "A continuación se procederá con la ceremonia de Selección. Señor Filch, por favor... - Dijo el profesor, indicando a un hombre de expresión malhumorada un taburete junto a la mesa del profesorado. El hombre dejo lo que parecía ser un sombrero ajado en el taburete, y se retiró. Entonces el profesor sacó un largo pergamino, y comenzó a llamar a los estudiantes de primero. "Adams, Peter", dijo el profesor Dumbledore, y un chico alto salió de entre la multitud, visiblemente nervioso. Se sentó en el taburete y el profesor le puso el sombrero sobre la cabeza. Todo el comedor estuvo en silencio durante unos instantes, hasta que uno de los plieges del sombrero se tensó, diciendo con una grave y sonora voz "¡Hufflepuff!". El chico se levantó de un salto y corrió hacia la mesa de su casa, donde le recibieron en un griterío. El profesor volvió a mover los labios, pero el murmullo de la mesa de los tejones no permitió que se le oyera. Dirigió su varita a su garganta, y un pequeño resplandor dorado salió de su extremo. De repente, la voz del profesor retumbó por el comedor, proviniente de todas partes. "Black, Narcissa", dijo la voz, y una muchacha rubia se dirigió hacia la mesa de los profesores, con la barbilla alzada. Se sentó, y apenas el sombrero rozó su cabello gritó "¡Slytherin!". La chica se dirigió a la mesa correspondiente. Se sentó junto al chico de cabello platino. "Lucius...", dijo a modo de saludo. El profesor estuvo llamando a todos los alumnos, hasta que llegó el momento definitivo. Llegó a la 'H', y con ella a él. "Hardey, Jack", dijo Dumbledore, alzando la mirada esperando a que el nombrado avanzara. El chico moreno comenzó a dirigirse hacia el taburete. Los pies le pesaban, pero se esforzaba por levantarlos y dirigirse lo más rápido posible hacia su objetivo. La túnica negra le ondeaba. Tras lo que le pareció un kilómetro, llegó al taburete y se sentó en él. El profesor colocó el sombrero sobre su cabeza, y Jack dio un respingo al oír una voz en su interior. Nadie le había hablado de una voz. 

- Vaya, veamos que tenemos por aquí... veo mucho coraje, sí... pero también astucia... sí, sin duda serías capaz de hacer cualquier cosa por salirte con la tuya... e inteligencia... pero no inteligencia académica... sino inteligencia estratégica. Eres un caso muy difícil... con lo fácil de colocar que fue tu hermano...
- ¿Eres el Sombrero? - Preguntó Jack, mentalmente, con voz temerosa.
- ¿Disculpa? Oh, por supuesto. Dime, hijo, ¿a qué casa te gustaría ir?
- No estoy seguro... - Dijo Jack, aunque en realidad tenía claro que ni Gryffindor ni Hufflepuff eran su lugar. - 
- Tienes razón... - Dijo el sombrero, adivinando sus pensamientos. - Gryffindor y Hufflepuff no serían un buen lugar para ti. Hmm... rencoroso con sus enemigos... pero gran amigo de sus amigos... creo que ya tenemos un veredicto... ¡Slytherin! - Dijo el sombrero, pero la última palabra no la escucho esta vez en su mente, sino en sus oídos, y oyó a la mesa de las serpientes aplaudiendo vagamente. Se levantó y se quitó el sombrero, dejándolo de nuevo sobre el taburete. Miró hacia la mesa de Gryffindor, donde su hermano le observaba decepcionado. Se dirigió orgulloso hacia su asiento correspondiente, y una insignia de color esmeralda con el símbolo de su casa se bordó mágicamente en su túnica al sentarse. "Bienvenido", le dijo el prefecto, sentado frente a él. "Severus Snape, quinto curso, prefecto de Slytherin", se presentó, tendiéndole la mano.

- Jack se despertó, en su cama. Después de la noticia de su búsqueda había decidido volver a dormir, para despejar su mente. Necesitaba ideas. Pero su mente seguía tan en blanco como antes de dormir... sin embargo su sueño, su primer día en Hogwarts, había traído de su memoria alguien que tal vez podría ayudarle. Bajó a toda velocidad las escaleras y abrió la puerta de la mansión. "¿Dónde vas, Jacky?", le preguntó Purity, que seguía en el mismo sofá que aquella mañana. Jack, que estaba a punto de salir, se giró hacia ella y la miró.

- Voy a ver a Severus.

lunes, 10 de febrero de 2014

Capítulo 1 - Purity


La mansión Blood estaba en silencio. Su enorme sombra se perfilaba ante ella, adornada por la tenue luz de la luna. La oscuridad reinaba en su interior, tan sólo interrumpida por la hoguera de la sala de estar, encendida en una batalla contra el frío del invierno. En los dormitorios, dos magos dormían. En uno de ellos, quieta, respirando tan vagamente que daba la impresión de que la misma muerte había cerrado sus ojos, se encontraba Purity Blood. La arisca. La antisocial. En el otro, dando vueltas frenéticas por la cama, insomne, estaba Jack Hardey. El solitario. El tajante. El muerto.



Las ideas que pasaban por su mente no le permitían dormir. El ataque que preparaba junto al señor oscuro a Hogwarts. Su reciente encuentro con su hermano... y la bruja que dormía en la habitación contigua.



Hasta ahora su relación con Purity había estado basada casi exclusivamente en discusiones e insinuaciones. O al menos hasta hace un par de noches. Jack rememoró, una vez más, esa velada en la piscina. Esa broma que le había gastado Purity. Ese beso...



Ese beso que Jack había estado intentando evitar, temeroso de la adicción que serían capaces de crearle esos labios... sus labios...



Jack se maldijo a sí mismo por recordarlo. Igual que había hecho todas las noches desde entonces cada vez que se sorprendía deseando revivir aquel momento. No quería recordarlo. El amor no haría más que hacerle daño y debilitarle... pero añoraba el dulce sabor de esos labios en contacto con los suyos. Al día siguiente de aquel beso no pudo contenerse. Besó varias veces a Purity a traición. Lo necesitaba. Y se odiaba a sí mismo por hacerlo... ¿o tal vez no?



Jack se levantó de la cama y se dirigió a la biblioteca. Tal vez una buena novela le ayudaría a despejar su mente. Rebuscó entre las estanterías hasta que se decidió por El Doctor Jekyll y Mr Hyde de Robert Louis Stevenson. Se sentó en el cómodo sillón de la biblioteca y comenzó a leer. Leyó hasta que sus párpados agotados cayeron, sumiéndolo en un profundo sueño en aquel sillón...



El plumero de un elfo en su cara le despertó. “Buenos días, señor”, dijo el elfo con una voz aflautada que retumbó en la cabeza de Jack. “Aparta, idiota”, replicó éste con voz somnolienta, apartándolo de un manotazo. Se levantó del sillón, con los músculos entumecidos, y se dirigió a su habitación. Se cambió bostezando y bajó a la sala de estar, donde Purity estaba tomando una taza de café. Jack pasó al lado del sofá donde ella estaba sentada y acarició disimuladamente su cabello. Purity esbozó una breve sonrisa, pero Jack no alcazó a percatarse de ella. El Profeta, como era habitual, estaba sobre la mesa, pero Jack le hizo caso omiso. Se sentó frente a ella, mirándola.




- Buenos días, Purity. - Dijo Jack mostrando una sonrisa ladina. 
- Buenos días, Jacky... - Contestó ella, antes de dar otro sorbo a su café.
 
Jack no soportaba que nadie le llamara Jacky. O mejor dicho, nadie excepto Purity. Ella lo decía con esa voz... ese tono... acabaría volviéndole loco. Más aún.



Jack se quedó observando unos segundos el rostro de Purity. Sus ojos... sus labios... De repente, Purity alzó el brazo y señaló el periódico. “Tal vez deberías leerlo. Sales en portada.” Jack miró la portada de El Profeta, en la cual aparecía una foto de su hermano John, el auror. Sobre ella, el titular en letras grandes y llamativas decía: “EL MORTÍFAGO JACK HARDEY BUSCADO POR ASESINATO Y SUPLANTACIÓN DE IDENTIDAD.”