jueves, 20 de marzo de 2014

Capítulo 8 - Oscuridad

Jack se separó de Susan a tiempo para recibir un golpe en pleno rostro. No estaba muy seguro de si había sido un puñetazo o un guantazo, pero sintió como la sangré acudía rápidamente a la zona de impacto, hincándola y enrojeciéndola. Jack miró a Susan con furia, pero se contuvo. Susan se levantó y le miró inquisitivamente a Jack.
- Vaya... esto no era algo que echara de menos de ti. - Dijo él llevándose una mano a la zona afectada y apretando los dientes. -
- Eres el mismo estúpido de siempre. - Dijo ella con furia, levantándose y comenzando a andar. Jack dudó si levantarse e ir tras ella. Decidió no hacerlo.
- Siempre lo seré... - Comentó Jack observando como Susan se alejaba para luego desaparecerse. - Ha sido un placer hablar contigo. - Concedió Jack al aire.
Jack se puso en pie y miró alrededor. Estaba anocheciendo. En el cielo el celeste daba paso al añil, que luego daría paso a un negro azabache que haría resaltar las brillantes estrellas de la noche. Jack comenzó a andar entre los gruesos troncos de los árboles. Estos cada vez eran más altos y espesos. Al parecer se estaba internando en una zona del bosque aún más salvaje... primigenia...
Los clásicos pinos y secuoyas dieron paso a unos árboles que Jack no supo identificar. El viento soplaba entre las ramas, agitándolas y creando un ambiente fantasmagórico. A Hardey aquella escena le recordó a una novela de Edgar Allan Poe. La oscuridad no permitía a Jack adivinar el color de aquellos árboles, tan sólo intuir su forma impidiendo que se chocara con ellos. Las altas y frondosas ramas impedían la entrada de ningún tipo de luz. Jack tenía la sensación de estar caminando a tientas, sin saber que había ante él. Sin embargo, algo le instaba a continuar. A no dar la vuelta. El terreno cada vez se hacía más duro y pedregoso, facilitando un tropiezo. Una caída sobre el suelo podría resultar muy dolorosa. Tal vez letal. Las piedras cada vez abundaban más, y el efecto de la erosión era cada vez más notable, agudizándolas. No sería difícil que una se le clavara... Decidió ir con cuidado, tanteando el terreno, tratando de identificar el lugar dónde estaba y de visualizar las agudas rocas. Pero ya era tarde. Se había adentrado demasiado en el bosque como para volver a salir de él ahora. Tardaría horas en encontrar la manera de salir. Los grillos cantaban estridentemente. El viento parecía aullar entre las ramas de los árboles.
¿El viento? No. No había sido el viento. El aullido había sido demasiado nítido. Demasiado sonoro como para ser simplemente el viento. Entonces a Jack se le vino por primera vez a la cabeza la idea de que tal vez no estuviera solo en aquel bosque. Aquella noche era especial. Aquella noche había luna llena. Aquella noche era... la noche de las bestias.
Jack sacó su varita del bolsillo interior de su chaqueta y comenzó a correr en la dirección de la que venía. El aullido parecía venir de allí, pero aquél era el único sitio en el que sabía a ciencia cierta que podía encontrar una salida. No estaba en condiciones de desaparecerse. No si no quería sufrir una despartición. Tenía demasiadas cosas en la cabeza...
Por poco chocó con un árbol y un par de metros adelante tropezó, haciéndole daño en el hombro. Se levantó de un salto y siguió su apresurada carrera en busca de una salida, aunque en el fondo sabía que era en vano. Entonces algo parecido a unos pasos sonó a un par de metros a su derecha. Eran garras arañando el terreno. Corriendo. Corriendo a una velocidad que Jack sabía que no podría superar. Entonces las garras dejaron de sonar impactando contra el terreno. Una sombra completamente negra se lanzó sobre él derribándolo. Jack lo apuntó rápidamente, lanzándole un Depulso que lanzó a la criatura varios metros hacia atrás, haciéndola gemir. Jack sonrió, aunque por poco tiempo. El licántropo volvio a alzarse. Sus ojos rojos brillaban emanando odio, y se dirigió raudo hacia Jack, arañándole la mejilla derecha antes de que éste pudiese lanzarle un Desmaius que le aturdió, aunque no demasiado. Jack se puso en pie y gritó "¡Cruccio!", a lo que el estúpido chucho respondió con fuertes aullidos de dolor. Jack mantuvo la maldición hasta que el licántropo se desmayó de puro dolor. Alguien se acercó por detrás suya, aunque Jack, que ya estaba alerta, le escuchó y se giró rápidamente. Un enorme licántropo se alzaba ante él, aunque no le intentó atacar. Sin embargo, aquél bicho no dejaba de resultarle familiar...
- Espera un momento... ¿Greyback?

jueves, 6 de marzo de 2014

Capítulo 7 - Susan Lestrange

Jack observó a la chica que acababa de caer del árbol. ¿Qué demonios haría ahí arriba? Tal vez cazar. La condición pseudo-vampírica de Susan reclamaba su ración de sangre cada cierto tiempo. Un escalofrío le recorrió la espalda. De ser así, Jack estaba en serios problemas. Claro que no sería la primera vez que pelearía con Susan en esa condición... La susodicha estaba a metros de Jack. Unos metros que cada vez fueron menos, puesto que al parecer se había decidido a sortearlos y acercarse a él. Jack vislumbró en la falta del tono rojizo de sus ojos que no estaba bajo condición vampírica. O bien había saciado su sed hace rato o bien se encontraba en ese bosque por motivos completamente alejados de la idea de Jack. Tampoco es que él fuera a preguntárselos. Sabía la respuesta de antemano.
- Estaba dando un paseo. Despejándome. - Dijo él levantándose más tranquilamente de lo que se sentía. Lo cierto es que de haber exteriorizado sus sentimientos, se habría levantado de un salto. Lo último que necesitaba ahora mismo era la aparición de Susan y más problemas emocionales. Parecía irónico que le hubieran apelado como "El Frío". - ¿Qué tal está tu hermano?
- ¿Rodolphus? Como siempre, supongo. Discutiendo con Bellatrix. - Comentó ella, deteniendo su caminar cuando le separaban de Jack un par de pasos.
- Ya veo... - Se limitó a decir Jack. La inesperada aparición de Susan le había dejado literalmente sin palabras. Intentó articular una frase con sentido, pero su lengua se negaba a moverse y su boca a abrirse. Comenzó a caminar de nuevo, dejando a Susan atrás.
- ¿Te vas sin despedirte? Eso es nuevo en ti, Hardey. - Dijo la joven en tono sarcástico, sin moverse del sitio.
- ¿Q-qué tal por Hogwarts? - Preguntó él deteniéndose pero sin girarse, mirando al suelo repleto de finas ramas de árboles caídas sobre la hierba.
- ¿No recuerdas que lo dejé por un tiempo? - Preguntó ella alzando una ceja. Jack recordó y lamentó haber preguntado eso. Susan había dejado Hogwarts temporalmente por la lamentable muerte de su prometido. Edward Gray. Mortífago. Como Jack. Como ella. Se había suicidado en su mismo despacho. Era profesor de estudios muggles allí. Había solicitado el trabajo para pasar más tiempo con ella. Susan Lestrange. Su prometida. La estudiante de la que Jack había quedado prendado para desgracia de ambos. La relación que Jack tanto había luchado por romper. El objetivo que finalmente consiguió, con consecuencias fatales. Se arrepentió de haberlo hecho. Susan le advirtió. Gray le advirtió. Rodolphus le advirtió. Y él ignoró sus advertencias. Todas y cada una de ellas.
Jack se sentó de nuevo en la hierba, con una mano en la frente. Todo era demasiado confuso. Deseó estar soñando. Que todo lo acontecido en aquellos dos días no fuese real. Claro que sabía que eso no era posible. No era más que una vaga ilusión. Un deseo. Un deseo que no se cumpliría por más que pensara en él. Susan comenzó a acercarse más a él. Hardey se sorprendió. En realidad esperaba que Susan volviera a sus asuntos y le dejara. Como había hecho siempre. La chica se sentó, clavando sus ojos verdes en Jack con aire de superioridad.
- ¿Y bien? - Preguntó Jack, mirando como se sentaba a unos palmos de distancia sobre la húmeda hierba.
- ¿Y bien qué? - Replicó ella con cierto aire despectivo, esbozando una mueca.
- ¿Qué es lo que quieres? Obviamente no te has sentado aquí por gusto. - Le espeté mirando hacia el suelo mientras arrancaba disimulada y nerviosamente pequeñas briznas de hierba. Susan soltó una leve risa.
- No seas engreído, Hardey. No me he sentado aquí por ti. Sencillamente estaba cansada. - Dijo con una media sonrisa sarcástica en su cara. Jack se tumbó en la hierba y cerró los ojos. Recordó aquella noche en aquel callejón de Londres. El robo del beso.Como Susan se lo reprochó. Como sin embargo Susan no había impedido que pasara. Como no se apartó cuando notó sus labios junto a los suyos. Como ese beso había ocasionado tantos problemas... como una avalancha. Un desencadenante minúsculo que provoca consecuencias de proporciones épicas.
Sin darse cuenta Jack había llevado su mano junto a la de Susan a base de arrancar briznas de hierba. Ambos se sobresaltaron al notar el contacto. Jack abrió los ojos y se incorporó. Susan retiró la mano rápidamente. Por unos instantes se quedaron mirándose profundamente a los ojos. El iris verde del uno reflejado en el iris verde del otro. Verde... tranquilidad. Según algunos, esperanza. Tal vez era eso lo que Jack debía tener. Esperanza. Jack movió la cabeza hacia delante y besó a Susan antes de que ella pudiera darse cuenta siquiera de lo que acababa de pasar.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Capítulo 6 - Imperio

- ¡Imperio! - Exclamó Jack ante la pregunta. Un resplandor salió de su varita. Umbridge cayó, sin conocimiento, y su mirada se perdió, indicando que estaba bajo la maldición. De repente, Jack oyó la irritantemente aguda voz de Umbridge en su cabeza.
- ¡¿Cómo se atreve?! ¡Soy la ministra de Magia! ¡ Pagará por esta osadía! - Gritó mentalmente. Jack se esforzó por acallar su voz.
- ¡Silencio! Escúchame atentamente, Umbridge. - Dijo con voz calmada. - Yo soy tu amo. Harás exactamente lo que yo te ordene. ¿Comprendido?
- ¿Acaso cree tener una voluntad más firme que la mía? - Preguntó ella, nerviosa. Pero su voz cada vez se iba haciendo más débil. Estaba perdiendo la consciencia, entregándosela a Jack.
- No lo creo, Ministra. Lo sé. - Comentó Jack divertido.
La Ministra Umbridge intentó replicar algo, pero su voz era apenas audible y simplemente un leve murmullo llegó a los oídos de Jack. La mirada de Umbridge se había perdido por completo. "Levántate." Ordenó Jack, a lo que Umbridge obedeció inmediatamente. "Sal de aquí. Te diré lo que debes hacer sobre la marcha..."

[...]

Umbridge se situó en el centro del vestíbulo. Jack, escondido tras una columna, dirigía sus movimientos. La ministra se llevó la varita a la garganta y susurró "Sonorus".

- Atención, quiero a todo el personal del Ministerio aquí, por favor. - Dijo con su aguda voz retumbando por toda la sala. Jack pensó que no había sido buena idea amplificarla. La gente comenzó a congregarse alrededor de Umbridge.
- ¡Ya estamos todos! - Exclamó alguien entre la multitud unos minutos después.
- De acuerdo. Quiero saber quién ha sido el grupo de idiotas que ha dejado escapar a un mortífago, el cual ha acabado en mi despacho.
El tribunal dio unos pasos adelante, algunos obligados por sus compañeros, con la cabeza agachada, sin atreverse a mirar a los ojos a la ministra.
- Fuimos nosotros, señora. - Dijo el mago que presidía el tribunal.
- Supongo que se dan cuenta del enorme error que han cometido, y que ese error debe conllevar una sanción.
- Si, señora. - Contestó el mismo mago, mientras el resto del tribunal afirmaba con la cabeza.
- Bien, pues desde este momento quedan degradados de sus puestos, relegados al Departamento de Uso Incorrecto de la Magia y considerados como incapacitados de por vida para ejercer el oficio de auror. - Dijo con mirada inquisitiva.
De repente John avanzó un par de pasos y miró a Umbridge a los ojos.
- ¿Qué ha sido del mortífago, señora? - Preguntó con voz temblorosa.
- Está muerto. - Replicó ella, cortante. - Ahora, señor Hardey, le ruego que usted y sus compañeros vayan a recuperar los cuerpos de los aurores lamentablemente caídos durante el escape del mortífago. Yo me encargaré del cadáver del susodicho.
- Señora, era mi hermano... ¿Qué hará con él?
- Su hermano era un mortífago, señor Hardey. Desintegraré su cuerpo como castigo por desobedecer repetidamente varias leyes mágicas. Y no quiero quejas señor Hardey.
John se fue de allí cabizbajo junto a sus compañeros del tribunal.
- Por cierto, - Añadio Umbridge en dirección a una bruja menuda y rubia. - avise a la prensa, Kate. Mañana pienso declarar oficialmente el inicio de la Gran Purga. Las aberraciones genéticas como los sangre sucia no deben ser considerados miembros activos de nuestra sociedad. - Concluyó.
Umbridge se retiró hacia su despacho, seguida por Jack, bajo el efecto de un encantamiento desilusionador.
- Buena chica... - Dijo él, una vez allí. - Ahora dame algo de polvos Flú, ¿quieres?
Umbridge comenzó a rebuscar en un pequeño bolsillo de su blusa de encaje, hasta sacar un pequeño puñado de polvos azules que entregó a Jack. Jack se metió en la chimenea y alzó la mano.
- Regenta el Ministerio como haría una buena mortífaga. Hazme sentir orgulloso. - Dijo con una sonrisa malvada antes de soltar los polvos y desaparecer de allí.

[...]

Jack llegó hasta la mansión Blood tras las correspondientes apariciones en su apartamento y el exterior de la mansión. Entró en la sala de estar y dejó su chaqueta verde sobre un sillón. "¿Purity? ¡Ya he llegado! Si te contara lo que he tenido que hacer...", dijo, pero no recibió respuesta alguna. "¿Hola?", preguntó. Zippo, su elfo, salió de un rincón, tembloroso y con los ojos llorosos.
- La señora Purity se ha ido, señor. - Dijo con voz aflautada.
- Uhm... de acuerdo. ¿Te ha dicho cuando volverá? - Preguntó Jack mientras subía la escalera.
- No me ha entendido, señor... se ha ido de aquí. Me pidió que no dijera nada. Pero Zippo es fiel a su amo, señor.
Jack se dio la vuelta repentinamente, mirando al elfo, creyendo haber escuchado mal.
- Repite eso.
- La señora Purity... se ha ido. - Dijo el elfo refugiándose rápidamente, temeroso de la furia de su amo.
- Sí, eso me había parecido oír... - Contestó.
Jack notó como se mareaba un poco. Rápidamente, agarró su chaqueta verde de nuevo y salió para aparecerse en un bosque. Sí... eso le calmaría. Comenzó a caminar tranquilamente entre los árboles, respirando profundamente el aire fresco de la naturaleza. Se sentó en una explanada situada entre varios árboles, repleta de hierba. Cuando iba a un bosque sentía que estaba en paz con el mundo. Que no había problemas. De repente un árbol se movió. Y alguien cayó de él. Una chica. Una chica que le era increíblemente familiar a Jack...
- Vaya... ¿qué haces por aquí, Hardey?
Sí... cuando Jack estaba en el bosque sentía que se olvidaba de todos sus problemas... a no ser que el problema estuviera en el propio bosque.
- Buenas tardes, Susan.